Días de guardar, y no precisamente por ser Semana Santa. El coronavirus (Covid-19) llegó contundente y sin preámbulos. Hoy el mundo se ha semiparalizado. México tiene enormes retos como país y sociedad. Uno de ellos es la calidad de la información que ofrece en temas y cosas que impactan más allá de lo que se cree. Dos casos: la violencia contra las mujeres en lo cotidiano y la violencia contra ellas en tiempos de aislamiento social.

La urgencia del día a día, los reportes apocalípticos de muertes y contagios por Covid-19 en el mundo y el país, una vez más desdibujan el problema histórico y cultural: la condición-situación de las mujeres frente a la violencia patriarcal.

El feminicidio parece que hoy no importa, no existe o es menor a la pandemia sanitaria. Sin embargo, se ha reconocido a nivel mundial que el encierro por cuestiones de salud ha disparado las cifras de violencia contra las mujeres. La Organización de las Naciones Unidas, en voz de su secretario general António Guterres, informó de un “espantoso aumento global de la violencia doméstica”. La “seguridad del hogar” para muchas es una falacia.

Este escenario fatídico, sumado a los feminicidios que se siguen dando y que los medios informativos insisten en reportar como “aparecen muertas”, obvian la gravedad y vulnerabilidad de muchas mujeres, más de las que quisiéramos. Pareciera que cuesta y es todavía inconcebible hablar de asesinadas; lo mismo ocurre con las violaciones, cuya contundencia se transmuta en “fueron agredidas sexualmente”, desdibujando la brutalidad del hecho. No se diga en la campaña “Quédate en casa”, que nunca previó el fenómeno de la violencia intramuros contra mujeres y niñas(os).

¿Cuál debiera ser el papel de los medios en esta pandemia? Principalmente, no olvidar y no hacernos olvidar este tipo de problemas preexistentes, como la violencia contra las mujeres, pues son temas graves y en situaciones como el confinamiento social puede detonarse.

La agenda del día nos satura con cifras de muerte, de carencias de infraestructura hospitalaria, de crisis económica y de diferencias políticas entre políticos, y el resto de problemas solo se atisban si hay sangre, mucha sangre.

La responsabilidad de los medios es mayúscula y no debería poner otros temas en la fila de la agenda ante el escándalo y escarnio que puede ofrecer la emergencia del momento, como las repercusiones del Covid-19. Pero no solo hablemos de la obligada cobertura profesional de otros aspectos de la vida social, sino de la actual emergencia sanitaria que debería reportar con trabajos profesionales y documentados sobre las pandemias como la actual.

Ryszard Kapuscinski, en su libro Los cinco sentidos del periodista, recomienda que, de forma básica y primaria, el buen periodismo debe separarse de “la manada informativa”, es decir, dejar de llevarse por lo que se escribe y publica en el resto de los medios. Señalaba que los periodistas eran enviados, como “manada”, a cubrir ciertos sucesos que califican de “importantes” y, no solo eso, sino que la agenda periodística se arma en función de lo que publican los medios grandes o relevantes.

Este fenómeno generalizado y actual no debería ser pretexto para hacer el periodismo que se hace. En un simple repaso de titulares de medios digitales o impresos, locales o nacionales, el enfoque en el Covid-19 es número de casos, nuevos casos y muertos, estadísticas por estados, estadística de muertos y contagiados, enfermedad y contagios.

Los medios audiovisuales no hacen la diferencia, solo aderezan el horror o el temor con imágenes y audios.

Esta realidad periodística nacional mueve a señalar una y otra vez ¿dónde están los derechos del público de estos medios, de las audiencias femeninas? Porque a querer o no, hoy más que nunca, los medios tienen una influencia determinante en lo que percibimos la sociedad como importante o relevante. De ahí la necesidad de poner en tela de juicio lo que vemos, leemos y oímos a través de los medios.

En el caso de la violencia contra las mujeres la urgencia se vuelve esencial e impostergable porque no solo no se informa de manera profesional y documentada, sino que desdibuja la realidad al ¿“matizar”?, ¿negar?, ¿ocultar?, a través del lenguaje el crimen que se da contra las mujeres, de todas las edades, solo por ser mujer.

La información que reportan los medios en el caso de la violencia contra las mujeres va del sensacionalismo a las expresiones “medidas” sobre violación y muerte. Esta situación es común a los medios reputados y a aquellos que no son tanto. Las mujeres “aparecen muertas”, “son agredidas sexualmente”, “desaparecen”, “son halladas sin vida”, pero pocas veces titulan que son asesinadas, no “halladas sin vida”; o violadas, no “agredidas sexualmente”.

El miedo a las palabras revela algo más que la ¿“prudencia”? periodística, revela lo que somos y lo que no, como afirman los estudiosos del lenguaje. Es decir, una sociedad no igualitaria, un conglomerado aún sexista, un pensamiento misógino y unas prácticas patriarcales. Sin embargo y contra todo, el periodismo es punta de lanza de un mejor pensamiento y acciones, es la trinchera de las mejores causas y de los ideales sociales más nobles. Esa es la misión y la tarea del periodismo más allá de ceñirse a reglas y urgencias mercantiles, su mandato siempre debe ser social, no importando que la “manada” mandate que es más urgente el tema de hoy, pero que mañana puede dejar de ser y la misión periodística siempre debe ser informar integralmente a su sociedad y dar su justo lugar a los crímenes que se cometen en el día a día contra la mitad de la humanidad, la mitad de la población mexicana: las mujeres.

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Doctora en ciencias políticas y sociales por la UNAM y especialista en estudios de la mujer por El Colegio de México. Periodista colaboradora en medios desde 1987. Defensora de lectores y articulista del diario Libre por Convicción Independiente de Hidalgo. Integrante del consejo editorial de la agencia de noticias Comunicación e Información de la Mujer AC. Docente universitaria desde 1995 en la UNAM. Profesora investigadora de tiempo completo en la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo desde 2008. Integrante y cocoordinadora del grupo de investigación Género y Comunicación en la Asociación Mexicana de Investigadores de la Comunicación. Línea de investigación y publicaciones sobre periodismo, comunicación y género.