El álbum blanco de Weezer

625

Existen bandas que nunca gozaron de la popularidad que merecen, pero a las que el tiempo siempre les brinda justicia como elementos importantes dentro del rock. Y Weezer es una de ellas. Con casi 25 años de trayectoria, la agrupación de Los Ángeles es un referente para todos los ñoños y outsiders que de una u otra forma derrotaron a los bravucones de la prepa para convertirse en machos y hembras alfa, situación que prueban una vez más con Weezer (The white album), su último material de estudio.
Hace dos años, la banda de Rivers Cuomo (vocal y guitarra), Patrick Wilson (batería), Brian Bell (guitarra) y Scott Shrinner (bajo) mostró “Everything will be alright at the end”, interpretación de Weezer sobre el fin del mundo con referencias a la cultura egipcia, el Renacimiento y los filmes de la década de 1980. Si bien es un disco que muestra el lado geek de la banda, lo cierto es que quedó a deber ante quienes amamos temas de antaño como “Say it ain’t so”, “Buddy Holly” o “Island in the sun”, por lo que era necesario que los californianos regresaran con sed de revancha y más situaciones ñoñas.
Ante ello, es un alivio que Cuomo y compañía no perdieran el tiempo y se dedicaran, como es costumbre, a planear su siguiente proyecto tomando como motivo el color blanco (una costumbre muy sosa pero efectiva de Weezer que rindió frutos con el azul, el verde y el rojo). Así el tono de la paz, la pureza y los electrodomésticos nos acompañan en un viaje donde la nostalgia por la juventud es fiel compañera (alerta de spoiler: la edad adolescente no dura mucho, pero se recuerda siempre).
“California kids” abre ese combo de sensaciones entre dulces acordes y las memorias de recorrer la ciudad para rematar con el atardecer en la playa. ¿Debes llegar a casa temprano? No te preocupes, esto es California y esto dura para siempre. “Thank God for girls” muestra la relación agridulce que los nerds, llenos de acné y faltos de testosterona, tienen con las chicas, en especial con aquellas que les gustan. ¿Memorias juveniles de Cuomo? Probablemente; sin embargo, es inevitable identificarnos con ellas, en especial si la pubertad llegó un poco tarde a nuestras puertas.
Weezer da cátedra de cómo ser tiernos y galantes a la vez con “(Girl we got a) good thing”, dulce melodía sobre el primer amor, ese de manita sudada, besos de piquito y caras sonrojadas. Lo mejor de todo: la sonrisa cómplice antes los crímenes perpetrados. “Do you wanna get high?”, recuerda ese baile de graduación donde llevan alcohol de contrabando, continúa en casa del desmadroso del salón, se experimenta con algunas drogas blandas y, como broche de oro, termina en Acapulco. Sublime.
El álbum blanco retoma el lado optimista de Weezer y exhibe a una banda revitalizada, alejada de sus propios sueños apocalípticos. Aunque ese disco añora como pocos una vuelta a la adolescencia (motivo recurrente en la trayectoria de los angelinos), le sacan vuelta de una forma ingeniosa, adorable y sí, ñoña como solo ellos pueden ser. Cuomo, Wilson, Bell y Shrinner se reencuentran con su púber interior.

@Lucasvselmundo
[email protected]

Comentarios

COMPARTIR
Artículo anteriorDroga, sangre y militancia
Artículo siguienteYo no les creo. ¿Y tú?
Licenciado en ciencias de la comunicación y maestrante en ciencias sociales. Reportero ocasional y columnista vocacional. Ayatola del rock n’ rolla. Amante de la cultura pop, en especial lo que refiere a la música, el cine y los cómics. Si no lo ve o lo lee, entonces lo escucha. Runner amateur, catador profesional de alitas.