El Archivo General de la Nación (AGN) es considerado la memoria del país, pues alberga entre sus muros los documentos más importantes de México, entre los que destacan las diferentes constituciones que ha tenido la República y los tratados de Córdoba.

Los antecedentes de ese espacio se remontan a la época colonial, cuando el segundo conde de Revillagigedo, don Juan Vicente Güemes Pacheco y Padilla envió en 1790 al Ministerio de Gracias y Justicia de España una solicitud para crear el archivo general de la nueva España, por considerar que era muy necesario crear un depósito que albergara las ordenanzas y cédulas reales que se encontraban dispersas en distintas dependencias y que contenían valiosa información sobre la administración y otros asuntos del virreinato.

En ese entonces era la Secretaría de la Cámara del Virreinato la encargada de salvaguardar algunos de los documentos más importantes.

El proyecto fue aprobado en 1792 y fue designado como un lugar para albergar el archivo el castillo de Chapultepec. Las ordenanzas para organizar su funcionamiento fueron elaboradas por el propio conde de Revillagigedo, constaban de 81 artículos. El objetivo principal además de crear un archivo bien ordenado era la “erección de este común depósito de reales cédulas, órdenes, providencias, ordenanzas, instrucciones, procesos, instrumentos públicos, cuentas, padrones y demás papeles antiguos que sepultados en diversas oficinas y cubiertos de polvo ocultan bajo de sí las noticias más preciosas e interesantes”.

El propósito nunca llegó a concretarse, aunque el ingeniero Miguel Constanzó realizó el proyecto de remodelación y el presupuesto del mismo. Las diferentes dependencias continuaron guardando sus archivos, con la consabida pérdida de numerosos documentos debido a que no existían normas para la conservación y uso de los acervos. Slo la Secretaría del Virreinato continuó guardando sus documentos en su propio edificio.

Durante la guerra de Independencia muchos documentos se perdieron pues fueron utilizados incluso para envolver las balas de los cañones usados en la lucha. Después de lograda la victoria, don Ignacio María de Aguirre, quien había sido oficial de la Secretaría del Virreinato y don Juan de Dios Uribe, fueron comisionados para repartir la documentación que se encontraba en el edificio de la contaduría de Azogues. Los papeles fueron clasificados de acuerdo con los ramos que abarcaban y fueron enviados a los nuevos ministerios correspondientes.

La Independencia trajo consigo un cambio radical en la administración pública. Los archivos novohispanos quedaron relegados. El interés por recuperarlos y organizarlos se debe a Lucas Alamán1, quien además de participar como ministro en varios de los gobiernos, tenía un interés especial por la historia.

El 23 de agosto de 1823 se creó el Archivo General y Público de la Nación; esa designación estableció que los servicios de la institución no estaban destinados exclusivamente al uso del gobierno, sino para todos quienes estuvieran interesados en consultar su acervo. Aquellos archivos del virreinato que se habían depositado y encomendado a las nuevas secretarías de Estado y que no tuvieran relación con esos ministerios se reintegraron en el nuevo organismo, basado una vez más en el archivo de la Secretaría de Cámara del Virreinato y enriquecido con los documentos de las recién creadas instituciones.

El archivo dependía de la Secretaría de Estado y del Despacho de Relaciones Exteriores e Interiores y tuvo su sede en la antigua Secretaría del Virreinato. El personal se encargaba de organizar los documentos, construir anaqueles, recopilar documentos y atender al público.

José Fernando Ramírez protegió el archivo durante la ocupación norteamericana de 1847 confiando a José María Andrade, conocido librero y editor, que tenía su establecimiento en el Portal de los Agustinos, los documentos más importantes. Una vez superado el conflicto, Ramírez ocupó en 1852 el cargo de ministro de Relaciones y dictó disposiciones en beneficio de la institución y de sus empleados.

No fue esa la única ocasión en la que el archivo tuvo que trasladarse para su protección; durante la intervención francesa y el segundo imperio Benito Juárez llevó consigo en su viaje hacia el norte del país los documentos que consideró más importantes. Juan de la Cruz Borrego, después de un intento frustrado de entrevistarse con Juárez en Zacatecas, guardó el archivo durante tres años en la Cueva del Tabaco o Gruta de los Murciélagos, cercana a Matamoros, Coahuila, hasta que pudo regresarse sano y salvo a la capital2.

Al tomar posesión como director del archivo de la nación, Francisco P Urquidi en 1872 presentó un informe sobre la situación del mismo y las necesidades más apremiantes para conservarlo y organizarlo. A partir de entonces se ofreció al público algunos servicios como transcripciones paleográficas y la interpretación de los idiomas indígenas. Las comunidades indígenas suelen acudir al archivo para documentar sus reclamos y consultar los documentos que dan sustento a sus derechos. José María Vigil, José María Celaya, José Beltrán y Justino Rubio continuaron con la labor de la clasificación y empastado de los expedientes hasta 1911; se incrementó la biblioteca y se hicieron mejoras en el local, además de publicarse algunos de los documentos importantes para la historia, la política y la administración.

El archivo dependía del Ministerio de Relaciones Exteriores e Interiores, de la Secretaría de Instrucción Pública y Bellas Artes. A partir de 1918 dependía ahora de la Secretaría de Gobernación y fue entonces cuando se le designó como Archivo General de la Nación. Fue también en esa época cuando parte del mismo fue trasladado al antiguo templo de Guadalupe en Tacubaya, conocido como la Casa Amarilla.

De 1973 a 1977 gran parte del acervo, situado hasta entonces en el Palacio Nacional, fue trasladado al Palacio de Comunicaciones en Tacuba número ocho, en el centro histórico de la ciudad, pero el espacio pronto resultó insuficiente. En 1977 fue determinado que su nueva sede fuera la antigua penitenciaría, conocida popularmente como Palacio de Lecumberri o Palacio Negro. Se realizaron obras de remodelación que permitieron albergarlo y abrió sus puertas el 27 de agosto de 1982.

3 Sus ocho galerías resguardan documentos sobre la administración pública y archivos de particulares, desde el periodo virreinal hasta la época actual. Cuenta con un área de restauración y conservación de documentos. Dispone además con una biblioteca-hemeroteca. El archivo es consultado por investigadores y público en general.

El AGN ha cambiado nuevamente su organización y algunos servicios como la consulta de mapas y los permisos para publicar documentos e imágenes se encuentran actualmente suspendidos.

1 Lucas Alamán (1792-1853) empresario, político, historiador y escritor mexicano. Fundador del Museo de Historia Natural y del Archivo General de la Nación.

2 La Cueva del Tabaco se encuentra a aproximadamente 16 kilómetros de Matamoros, Coahuila, por la carretera federal libre o la autopista Torreón-Saltillo.


3 Página oficial del AGN

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