La anécdota es famosa: una muchacha huérfana, después adoptada y devuelta al internamiento de un reformatorio, un buen día escapa de la institución y se lanza a la vida; cuando se encuentra en libertad decide vivir del robo y la prostitución. No pasa mucho tiempo para que sea encarcelada, pero huye de nuevo, aunque en el escape se rompe el astrágalo, hueso que forma el talón. A punto de detenerse temiendo ser recapturada, un vividor se le acerca para ayudarla y juntos emprenden la huida, pero ello inicia el último y único romance importante para Sarrazin.

Salvo ciertos detalles que forman parte de la ficción, sobre todo aquellos que Sarrazin preparó con ese toque, lo que se creería fantástico fue la vida de la escritora, quien murió apenas de 29 años por una complicación renal, después de publicar su novela en 1964.

El astrágalo es una obra fabulosa que se interrumpió con la súbita muerte de su creadora y todavía hoy despierta interés la historia de una mujer que sin pretenderlo ni buscarlo, es más feminista y libre de lo que se pretende una activista. Sarrazin pasó de la alienación del orfanato al del reformatorio de la cárcel, toda su vida caracterizada por un abierto y espectacular repudio hacia cualquier forma de autoridad.

Hoy día, la novela tiene dos adaptaciones cinematográficas reconocidas, una en 1969 y otra en 2015, las dos de origen francés; pero hay una tercera versión mexicana: Amor a la vuelta de la esquina (1985) que representó el debut oficial de Gabriela Roel, para la que tanto director como guionista escondieron la fuente de inspiración original, pero no hay un centímetro que no le deba tanto a la primera adaptación como a la novela en que se inspiró.

La novela tiene un componente de tragedia terrible y a la vez de reconciliación, ya que la propia autora se encarga de cerrar toda deuda de su pasado con el recuento de sus episodios personales y todavía le alcanzan tanto el tiempo como las licencias creativas para entregar una versión de una belleza sin concesiones, ni siquiera con ella misma.

Amante incondicional de la libertad, Sarrazin no tenía el gusto mórbido por rechazar la violencia con más violencia, simplemente se desvanecía en el aire sin dejar rastro y seguía su camino sin comprometerse con lo que no le daba satisfacción. Extraña, asumió una doble existencia en la que se perdía del todo en la literatura, de donde extraía cantidades desproporcionadas de placer, pero cuando el dinero le escaseaba, engatusaba a un incauto, le sacaba la billetera, lo embriagaba hasta dejarlo botado en una playa, un hotel de paso o simplemente hacía de carterista.

La muchacha pasó de un doble contrato de una infancia y juventud desarrolladas en pleno anonimato, en las paradójicas bondades de la asistencia social, hasta que lo cambió por el sistema penitenciario, para caer en los brazos de un vividor que cuando no estaba con ella, la trató con una indiferencia similar a la de las instituciones que le dieron albergue y gracias a ello fue la única persona de quien se enamoró perdidamente.

Su nombre original, Albertine Damien, se convirtió en Sarrazin por Julien Sarrazin, con quien se casó antes de ser reingresada en la cárcel, donde escribió entre 1963 y 1967 sus diarios: El astrágalo, La huida, La transportista y sus poemas. Pero como tantas personalidades que en su momento brillaron con una intensidad salvaje, hoy apenas se recuerda a Sarrazin, quien hasta se podía decir fue la inspiración de Philippe Djian para inmortalizarse con 37°2 Le Matin, mejor conocida en Latinoamérica como Betty Blue; pero ese aire incontrolable, esa capacidad para mantener despierto el asombro y además cautivarse con los detalles fue una capacidad única de Sarrazin.

Tras salir de la cárcel, alcanzó a gozar de un breve pero inequívoco éxito literario que fue su más grande triunfo vital, pero la insuficiencia renal le arrebató, hasta que perdió la vida en una mesa de quirófano. De ella quedan una obra escasa, con muchos lugares comunes y la evidente falta de más recursos narrativos, pero Sarrazin es un lugar que las mujeres contemporáneas deberían visitar más a menudo.

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