Hace mucho que Pachuca y municipios limítrofes con el Estado de México, Puebla, Veracruz y Querétaro son escenario de un intenso movimiento de personas, bienes y servicios. Pero también se han convertido en lugares con alta incidencia delictiva, precisamente por su condición de zona limítrofe y por la intensa corriente que tiene lugar allí. Quizá el sitio más conflictivo de todos es el corredor que une a la Bella Airosa con la capital del país, que las conecta a través de la autopista México-Pachuca. En esa vía, columna vertebral también de un intenso desarrollo urbano, se han registrado delitos de alto impacto que incluyen secuestros, asaltos y asesinatos como el ocurrido ayer, cuando tres funcionarios de la Fiscalía General de Justicia del Estado de México (FGJEM) fueron baleados por dos sicarios en un restaurante ubicado en los límites de Pachuca y Zempoala. El caso resulta relevante porque entre las personas que fueron agredidas a mansalva se encuentra el fiscal regional de Tecámac Joel Sánchez Bravo, quien resultó lesionado y posteriormente fue trasladado a un hospital del Estado de México. El gobierno estatal, quien tiene la obligación de mantener la seguridad de los habitantes y de quienes visitan territorio hidalguense debe reforzar la vigilancia en esa zona, que se ha convertido en lugar frecuente de balaceras y persecuciones policiacas. Con todo y que está a solo unos metros el famoso Centro de Control, Comando, Comunicaciones, Cómputo, Coordinación e Inteligencia (C5i), que tanto ha presumido la actual administración. De filón. El Hidalgo seguro cada vez parece más inseguro. El hallazgo de cadáveres y el registro de una balacera ayer en Cuautepec, así como la aparición de un cuerpo desmembrado en Tepeji, hablan de que las cosas no están nada bien en territorio estatal.

Comentarios