JESÚS ADRIÁN HERNÁNDEZ LUNA
ÁREA ACADÉMICA DE HISTORIA Y ANTROPOLOGÍA

El autosacrificio fue una práctica común en la zona cultural de Mesoamérica, este ritual consistía en realizar punzadas en diferentes partes del cuerpo para poder así obtener sangre y ofrecerla a los dioses, no solo estaba compuesto por la ofrenda de sangre, sino que también consistía en: ayunos, abstinencias sexuales o de algunos alimentos, insomnios provocados por periodos largos y privación del pulque. Es decir, había diferentes tipos de autosacrificio, en este breve artículo, me centrare en los autosacrificios de sangre.

El sangrarse cumplía dos funciones primordiales, por un lado, obtener sangre para el sustento de los dioses, por el otro provocar un dolor físico que formaba parte de la ofrenda. Esta práctica fue común para los mexicas, así como de sus contemporáneos, y era practicado por todo tipo de personas sin importar edad, sexo o condición social. En culturas como la mexica era realizado tanto en festividades sujetas al calendario como en otras de carácter excepcional, esta práctica ritual se volvió común y parte de la vida cotidiana de la población.

Las partes punzadas del cuerpo eran varias, pero la más socorridas eran los puntos de los cuales se podía obtener sangre en abundancia; la cabeza, las orejas, la lengua, las yemas de los dedos y las pantorrillas eran las zonas más comunes. En otras ocasiones las partes punzadas podían ser aquellas que tenían relación con la petición realizada por el ofrendante.

Existieron diversos instrumentos con los que se podía realizar un autosacrificio entre ellos destacaban las púas de maguey, el cual era el instrumento más empleado, era usado por sacerdotes, ministros e incluso deidades, pues en algunas representaciones podemos observar que también los dioses realizaban esta práctica, en el códice Florentino observamos a Quetzalcóatl llevando a cabo un autosacrificio con una púa de maguey.

Era común que cierto tipo de personas que llevaran a cabo un oficio especifico emplearan el autosacrificio para obtener favores de las deidades en su labor particular, un ejemplo de ello eran los mercaderes que ofrecían su sangre a Yacacoliuhqui el dios del comercio. Dentro de la sociedad mexica, quienes más realizaban este ritual eran los sacerdotes, ya que esta penitencia era un requisito indispensable dentro de sus funciones cotidianas.

La práctica de este acto ritual está muy bien documentada por diversos cronistas como fray Bernardino de Sahagún, fray Diego Durán, fray Bartolomé de las Casas, fray Toribio de Benavente y fray Juan de Torquemada. Si bien entre estos autores suele haber algunas variaciones en sus escritos, podemos identificar diversos ejemplos de la práctica del autosacrificio, aquí expondré dos breves ejemplos de dos fiestas mexicas en las que se llevaba a cabo.

Durante el Tlacaxipehualiztli, festividad realizada en honor a Xipe Tótec y Huitzilopochtli, los sacrificantes eran los sacerdotes, quienes se sangraban las orejas en la casa llamada Calpulco para ofrecer su sangre a dichas deidades. Asimismo, durante el Tozoztontli, festividad en honor a Coatlicue. Los sacrificantes eran todos los jóvenes menores de 12 años hasta los niños lactantes, quienes se sangraban las orejas, la lengua y la pantorrilla con el fin de prepararse para la fiesta venidera, es decir, Huey Tozoztli.

Es sin duda interesante este acto ritual mesoamericano, pues no es muy común en otras partes del mundo, el autosacrificio es esencial para poder entender la religión e ideología mexica, pues formaba parte importante de la vida común, y es un elemento importante para poder mejorar nuestra comprensión del pasado prehispánico.

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