Odioso. Egoísta. Déspota. Teatrero. Egocéntrico. Son adjetivos que suelen acompañar a muchas estrellas del deporte, el arte y la ciencia. Piensen en cualquier superestrella del balompié que, a juicio de muchos, encajaría en el molde del antihéroe del balón: Cristiano Ronaldo, Diego Armando Maradona, Mario Balotelli, Zlatan Ibrahimovic, Arjen Robben (¡No era penal!) y a quien gusten agregar. Recientemente, la Liga MX podría aportar a su nueva antagónica superestrella: André Pierre Gignac.
“¡El Bómboro, Gignac, Gignac, el Bómboro!”, le canta la afición de Tigres en alusión a la canción de La Sonora Santanera. El francés lleva dos años cobrando los pasteles que nunca se le pagaron a su natal Francia a base de goles y actuaciones fuera de serie. Con base en su trabajo, disciplina futbolística y el hecho de representar la pieza exótica en una liga totalmente latina, el ibérico se ha consolidado como el mejor futbolista de México, y si no, al menos el más valioso.
Convertido en un auténtico rockstar, el pasado jueves confirmó porqué cobra cantidades monetarias de escándalo, reemplazó a Karim Benzema en la selección de su país y hasta se dio el lujo de someterse a hipnosis para sacudirse la mala vibra. Le bastaron dos pelotas para crear dos genialidades que hicieran añicos el sueño guajiro del rebaño que, dicho sea de paso, jugó su mejor partido en meses. Conteniendo a la escuadra felina en su cancha y frente a su gente durante más de 80 minutos, Chivas estuvo a punto de sentenciar el Clausura 2017. Pero entonces el Ilusionista enfureció.
La crítica profesional y aficionada se rindió ante el francés con toda justificación. A lo largo del cotejo se le vio desesperado, molesto e incómodo al no encontrar a un socio que le proveyera de balones. Por ello, tuvo que fabricar él mismo sus propias oportunidades de gol, aprovechando también los errores defensivos y del arquero tapatío. El Bómboro se convirtió en el tanque de oxígeno de Ferretti y compañía.
El día de hoy se le perdona todo al antihéroe de la Liga MX: sus berrinches, desplantes, simulaciones y complejos de superioridad eurocentrista. Gracias a su indiscutible calidad como delantero, André Pierre Gignac será el punto de quiebre esta noche. El francés decidirá si Chivas se sacude la sequía de más de dos lustros o si Tigres conquista México, convirtiéndose en el Maximiliano del siglo XXI.

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