Se han cumplido ya más de 44 años, cuando en febrero de 1975 un agente de Policía local de Cáceres, de apellido Piris, observó que en el escaparate de una librería de esa ciudad española, junto a unas obras de Francisco Goya, se exponía La maja desnuda; sin dudarlo, entró a la librería y determinante ordenó a la dueña que retirará inmediatamente la imagen, porque esa, razonaba Piris, era una expresión oscura de la vida, inadmisible moralmente, pues perturbaba la libido de quienes la admiraban. Esa (in)cultura del atraso, la persecución y la censura ocurría en los últimos días del gobierno franquista. Ese acto esperpéntico mostraba la descomposición, pero también la hipocresía con que se pretendía “defender” el universo femenino.

Como epílogo al affaire del cabo Piris, el pleno del ayuntamiento de Cáceres pidió al alcalde que felicitara al cabo por su meritoria acción. Esa vergonzosa anécdota podría estar hoy en el archivo muerto de la historia, sin embargo, vuelve a (re)nacer como un espíritu de fuego que se oculta en la sombra, una silenciosa herida que perturba el invierno y (re)aparece nuevamente encarnado en el aparato político para perseguir, condenar y encarcelar a las mujeres que deciden abortar, pues de acuerdo a la información publicada por nuestro profesional y fundamental diario Libre por convicción Independiente de Hidalgo: En México de 2007 a 2016 en total 4 mil 246 mujeres fueron denunciadas por aborto, de esas 207 eran hidalguenses y 12 resultaron con sentencia. Igualmente grave es que el aborto inseguro continúa siendo la cuarta causa de muerte en el país. En ese álgido y complejo tema, un puerto de partida es el principio básico de que son las mujeres quienes deben decidir sobre ellas, su cuerpo, su interioridad. En esa discusión las aportaciones de dos brillantísimas mujeres deben servir para avivar la discusión: Simone de Beauvoir y la estudiosa de la ciencia política Judith Shklar, ambas intelectuales revitalizaron el pensamiento liberal. Beauvoir en el Segundo sexo, publicada en 1949, discute las distintas tesis sobre por qué la mujer ha sido considerada inferior o dependiente del hombre. El punto de origen interpreta que el hombre es el eterno sujeto y la mujer el eterno objeto. De acuerdo con el existencialismo, filosofía donde se ubica Simone, “las personas somos seres arrojados a la existencia que solo conquistamos nuestra entidad, esto es, que solo nos trascendemos, si somos capaces de ir más allá de nuestros condicionamientos biológicos y sociales afirmando nuestra libertad a través de los proyectos que decidimos acometer, en un flujo continuo donde superamos lo que somos. Trascendencia se opone a inmanencia, y es el espacio en donde el ser humano justifica su existencia, la dota de sentido, la honra, a diferencia de la degradación que tiene lugar cuando no trasciende”. Si a la mujer se le ha impedido, interesadamente, trascender, su respuesta debe ser la libertad trascendente.

Por su parte, la politóloga Judith Shklar, dedicó su vida a discutir y discurrir sobre la teoría política del siglo XX. Esa pensadora se constituyó como una notable fuerza transformadora en la revitalización del pensamiento liberal. Colocada en el centro de esos debates, esa lúcida intelectual llamó a enfrentar el desafío de las llamadas “democracias iliberales” (la democracia iliberal puede definirse como una que democráticamente se cancela a sí misma). Ser liberal, establece Shklar, no es “gritar liberticidio cada dos segundos, sino el esforzado aprendizaje de que el mundo moral es intrínsecamente plural y de que lejos de ser una amoral forma de libertad para todo, el liberalismo es extremadamente difícil y limitante, una práctica demasiado exigente para aquellos que no pueden soportar la contradicción, la complejidad, la diversidad y los riesgos de la libertad”. En otro documento suyo, Los rostros de la injusticia, la politóloga, advierte el desafío que supone “la extensión por el sistema social de un sentimiento de injusticia frente al cual los enfoques jurídico-políticos tradicionales de justicia deben dar una respuesta contextual para la que no están bien equipados”. Junto a las aportaciones teóricas de esas dos pensadoras, el aborto puede ser discutido también desde la mirada liberal de Norberto Bobbio, quien puntualiza “un estado de autonomía se refiere a la voluntad. La autonomía es una relación interna de uno con uno mismo”. De esa manera, el aborto debe discutirse a la luz de la libertad y la autonomía. Cualquier culto a la incompetencia solo puede conducir al desastre. Por esa razón, se debe cancelar para siempre la ignominiosa ruta del cabo Piris.

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