El cambio de telenovelas por una televisión educativa

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Arturo Moreno Baños

Debido a la contingencia sanitaria las escuelas seguirán cerradas y por tanto las clases presenciales no serán posibles para los alumnos, ante esa crisis se tomaron medidas extremas y el presidente Andrés Manuel López Obrador junto con el secretario de Educación Esteban Moctezuma, anunciaron la estrategia del gobierno federal con la que impartirán educación en medio de la pandemia a 30 millones de alumnos en México con ayuda de las televisoras.

El ciclo escolar comenzará el próximo 24 de agosto con clases a través de radio y televisión con el programa Aprende en casa II. Un reto no menor tomando en cuenta la desigualdad en el país y las complejidades entre las familias, pero que, según el presidente, se podrá afrontar gracias a la unión entre la televisión pública y privada para la enseñanza.

Claro que este servicio no es por el bien de la patria ni tampoco una acción altruista ya que el gobierno federal pagará 450 millones de pesos a las principales televisoras privadas del país, como Televisa y Tv Azteca, cuyos dueños Emilio Azcárraga y Benjamín Salinas (hijo de Ricardo Salinas Pliego), respectivamente, acudieron a la conferencia del presidente para firmar el acuerdo. Sin precisar cuánto se le pagará a cada televisora, presidencia informó que el gobierno aproximadamente pagará 15 pesos por cada alumno inscrito en nivel preescolar, primaria, secundaria y bachillerato. Esto significaría pagar 450 millones de pesos por 30 millones de alumnos de agosto a diciembre, periodo que durará el ciclo escolar.

El imperio que han amasado las dinastías Azcárraga y Salinas Pliego en México a costa de los televidentes es oneroso y a la vez grosero. Desde que Emilio Azcárraga Milmo, el Tigre, falleció en 1997, le tocó el turno a su heredero de 29 años, Emilio Azcárraga Jean que siguiendo la filosofía de su padre percibiendo a las audiencias de Televisa como “una clase modesta muy jodida, que no va a salir de jodida”, continúa guiando no solo a la empresa que creó Azcárraga Milmo sino prácticamente a todos los medios electrónicos que pretenden emularlo. Su heredero, Emilio Azcárraga Jean, no se atreve a decir que piensa en sus audiencias como “los jodidos”, pero actúa como si su padre guiara sus pasos. En cuanto a Ricardo Salinas Pliego y su hijo Benjamín, su empresa TV Azteca ha superado en mala calidad, falta de creatividad y exceso de soberbia al tipo de televisión que han hecho los Azcárraga.

La televisión para Emilio Azcárraga Milmo no era un bien público concesionado sino un músculo de poder y de su peculiar ideología empresarial. Él se dijo “soldado del presidente” y del PRI, en función del sistema presidencialista y de partido único que le tocó vivir, pero muchas veces desafió a los presidentes cuando fue necesario. Cuando tuvo que apoyar al régimen en el fraude contra el PAN (en 1986) lo hizo sin cortapisas. Y cuando se trató de frenar la campaña de Cuauhtémoc Cárdenas, el disidente del PRI en 1988, el Tigre hizo todo para invisibilizarlo.

Así lo dictaron sus intereses y su filiación de derecha.

Su hijo y sus imitadores así lo han hecho. La única diferencia es que Azcárraga Jean considera que los políticos deben ser “soldados de Televisa” y clientes eternamente endeudados con la empresa no muy distante de la idea que tienen los Salinas Pliego al percibir a los políticos como sus sirvientes. La cuarta transformación está en riesgo al hacer negocios con estos “lobos de la finanzas” ya que los aspirantes a ser “Tigres” televisivos no han dado muestras de ser diferentes ni de tener una concepción distinta. Televisa aspira a pasar de monopolio mediático a monopolio de la opinión pública.

¿De qué se trata esta figura de “monopolio de la opinión pública”? No basta con tener el control de la producción y distribución de contenidos en televisión abierta y restringida, como sucede con Televisa. Un monopolio de ese tipo necesita controlar la agenda mediática y a los opinadores o comentaristas a través de sociedades de subordinación con estaciones de radio, medios impresos y, si fuera posible, medios digitales.

Será justamente por esto que corre peligro la educación de nuestras futuras generaciones a cargo de estos hijos del averno capitalistas puesto que seguramente lograrán televisar programas educativos junto con comerciales publicitarios que son realmente los pingües negocios de las televisoras para lograr compras innecesarias que son el modus vivendi de una sociedad de consumo que solo piensa en comprar sin siquiera pensar si se necesita.

Lamentable que no haya otra salida, al parecer solo esta herramienta, la ayuda de los medios de comunicación puede llegar a cada rincón de los hogares mexicanos, en verdad la idea de televisar contenidos educativos es buena pero las manos en las que se deposita esta misión y sus propios intereses es por demás macabra ¿Tú lo crees?… estemos pendientes.

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