Hace unos días durante un programa de la televisión de Chile, “Mentiras verdaderas”, la diputada derechista por el sexto distrito de la región de Valparaíso, Camila Alejandra Flores Oporto, del Partido Renovación Nacional (PRN), acusó al Frente Patriótico Manuel Rodríguez (FPMR) y a las Brigadas Ramona Parra (BRP) de ser “grupos extremistas” que asesinaban personas durante el mandato del presidente Salvador Allende y la Unidad Popular.

La barbaridad de las declaraciones comienza con el hecho de que el FPMR no existía en esa época y segundo porque las BRP eran brigadas de muralismo y propaganda política.

Las Brigadas Ramona Parra nacen en el seno de las juventudes del Partido Comunista Chileno como brigadas de propaganda que pronto encuentran su ruta en el muralismo colectivo y comunitario como una herramienta de construcción popular. Durante ese momento se jugaba la vida. La historia de la Brigada Ramona Parra no solo es un ejemplo de vida y de humanismo, sino que forma parte ya de la historia de Chile.

La irresponsabilidad de aquellas declaraciones alcanza al ámbito internacional y a la comunidad de muralistas, quienes hemos tenido el privilegio de conocer y trabajar con artistas fundadores de las BRP, artistas que no sobra decirlo, de una moral intachable, de un compromiso artístico indiscutible y de un pensamiento humanista ejemplar. Decir tamaño de mentira es poner en tela de juicio, también el quehacer del muralismo en América Latina, que tiene estrechos vínculos de trabajo y amistad con muralistas de la BRP, por lo que se corre el riesgo, fomentado por la más supina ignorancia, de vincular a otros colectivos de artistas muralistas a “grupos extremistas” a lo largo y ancho de nuestra América, poniendo en peligro no solo la legitimidad de los distintos colectivos, sino hasta de su integridad física y moral en sus respectivos países en donde, muchos de ellos, impera la represión y la persecución política, de conciencia y sistemática contra intelectuales, artistas y movimientos sociales anticapitalistas.

No debemos olvidar que durante la criminal dictadura de la Junta Militar y Augusto Pinochet, orquestada con el apoyo de Estados Unidos y la operación Cóndor, fueron perseguidos, torturados, desaparecidos y asesinados miles de chilenos entre ellos cientos de artistas como el cantautor, director de teatro y profesor, Víctor Jara. Un artista prolífico que entrando en la plenitud de su vida fue brutalmente torturado y asesinado a mansalva en uno de los actos más cobardes de la dictadura militar. La diputada del PNR (que también promueve la pena de muerte como pena corporal), no solo ignora la historia de su propio pueblo, sino que además no tiene ni memoria ni moral para hablar de “ejecuciones”.

La herencia del fascismo pinochetista en la voz irresponsable de personas impresentables también es la herencia de un pensamiento gris heredado de muros grises, de acciones grises y de vidas grises. La iconología creada por la BRP en miles de murales que se reproducen exponencialmente incluso en otras geografías distintas a la chilena en países de Europa, Asia y por supuesto América, son el resultado de un trabajo colectivo ejemplar y muy lejos ya, de poder ser cuestionado por las huestes fascistas y neoliberales. La Brigada Ramona Parra no está sola y todavía le quedan muchos muros grises para reventarlos de color.

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