“¡Ya vayan levantando!”, indicó una voz en tono autoritario, la frase fue repetida mientras transitaba en medio de los vendedores ambulantes, luego me enteré que se trataba de un funcionario municipal que con esa orden indicaba a los comerciantes que recogieran sus mercancías, pues el tiempo de venta había terminado, eran apenas las 13:30 horas del día domingo.

Desde mi punto de vista, uno de los espacios más representativos de cualquier poblado son los tianguis, que en México y en nuestra entidad son innumerables, particularmente los domingos. En pleno centro de la ciudad capital del estado, las calles aledañas a los mercados Primero de Mayo y Benito Juárez están ocupadas por comerciantes ambulantes, la mayor parte mujeres, que traen consigo productos obtenidos de sus propios huertos y de sus vecinas. Uno como comprador puede adquirir fruta de temporada, plantas comestibles, animales domésticos, huevos, hongos silvestres, tortillas, tamales, incluso flores cuyo aroma recuerdan los campos donde fueron cortadas.

Tales productos son evidencia de la flora y fauna que prevalece en los espacios que aún no han sido cubiertos por cemento, donde existen árboles, cactus, arbustos, magueyes, fauna silvestre y corrales de animales domésticos, todo en algún momento existió en Pachuca hasta que fueron arrasados por el crecimiento de la ciudad y su mancha de cemento y asfalto.

Cada domingo, esas mujeres y hombres trasladan sus mercancías de excelente calidad (ahora los llaman orgánicos) con el propósito de obtener recursos monetarios para sus familias, este propósito se cumple solo si los productos son adquiridos por el consumidor final. El pasado domingo, pude observar que al escuchar la orden “¡Ya vayan levantando!”, la mayor parte de las comerciantes tenían consigo muchos productos, pude observar gestos de angustia porque la orden dada por el funcionario de recoger la mercancía sentenció a esas mujeres y hombres a regresar a su casa con productos perecederos que representan dinero esencial para las economías de sus familias.

El pequeño comercio de productos regionales y domésticos es una práctica ancestral, que posibilita el intercambio de productos; en nuestra época, esas comerciantes pueden obtener dinero en efectivo para adquirir otros productos indispensables en sus hogares. Tal comercio se realiza en la vía pública los domingos con un horario que pasa por alto las necesidades de vendedores y compradores, honestamente no logro entender las razones para ordenar la temprana desocupación del espacio público aun cuando los comerciantes tienen productos por ofrecer a los transeúntes, los compradores pueden ser los lugareños o los visitantes que constatan la existencia y compra de productos regionales. Acortar los horarios de venta priva a compradores de adquirir productos regionales de productores locales; la mejor forma de dinamizar las economías regionales es adquiriendo los productos locales.

Al privar a los comerciantes de la posibilidad de vender la mayor parte de sus productos, también se priva a sus familias acceder a otros bienes, pues el comercio no solo es la obtención de una ganancia, la función social del comercio es la distribución de bienes y servicios. La demanda del estricto cumplimiento de un horario puede justificarse diciendo que se realiza en vías públicas, pero las vías públicas también tienen una función social que debe impactar de manera favorable a las familias de las comerciantes que una vez a la semana ocupan el espacio para vender sus productos.

Me parece que un país con el 59.8 por ciento de su población en edad de trabajar (mayores de 15 años), además el sector informal ocupa al 27.7 por ciento de esa población, entonces hace suponer que el comercio ambulante otorga trabajo y sustento a un importante sector de la población, especialmente los residentes de poblados rurales. Por tanto, me parece importante revisar que los espacios públicos de la ciudad ocupados un día de la semana para la venta de productos regionales debe cumplir plenamente con la responsabilidad social tenida en la simbiosis ciudad-poblados rurales, dejando mayor tiempo de venta para los pequeños comerciantes que son el rostro de familias rurales que asumen su derecho a buscar su subsistencia.

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