Casi todas las capitales latinoamericanas conservan íntegros los conventos matrices de las órdenes religiosas que realizaron la cristianización española a raíz de la conquista de América. Enormes conjuntos conventuales de los franciscanos, dominicos, agustinos y jesuitas son testigos perennes de la ideología y el arte que, primero impuesto y después compartido por toda la sociedad, marcaron la idiosincrasia de nuestros pueblos. No es así en el caso de México, dónde los derroteros de la historia mutilaron en gran medida estas magnificas expresiones del patrimonio cultural religioso. El caso del convento mayor (o convento grande, como solía llamarse a la principal edificación del clero regular en cada país) de san Francisco de México, como veremos a continuación.

Cuando Hernán Cortés escribió a Carlos V para que enviase frailes a México, el monarca respondió enviando franciscanos en 1524, dominicos en 1526 y agustinos en 1533. Muchas otras órdenes llegarían en los siglos subsiguientes pero fueron las tres mencionadas y los jesuitas, las que realizaron la “conquista espiritual de México”. Así, en 1523 llegaron desde Bélgica los flamencos fray Juan de Tecto, fray Juan de Aora y el célebre fraile español Pedro de Gante, pariente de Carlos V. Esos personajes tenían la encomienda de hacer una evaluación del territorio y preparar el arribo del primer grupo propiamente evangelizador, los famosos 12 que llegaron en mayo de 1524.

Lo que queda del convento grande de San Francisco de México se encuentra en el cruce de las calles Eje Central Lázaro Cárdenas y Francisco I Madero, dónde se encuentra actualmente la Torre Latinoamericana. Ahí funcionó la iglesia y escuela de San José de los Naturales que fundara fray Pedro de Gante en 1525, en terrenos antes ocupados por una de las casas del emperador Moctezuma. Ahí se celebró el primer concilio mexicano y el primer auto de fe de la inquisición novohispana. También existió ahí un hospital y un cementerio para frailes e indigentes. La mayor parte del convento fue destruido en la segunda mitad del siglo XIX para dar paso a calles y edificios modernos, muy poco quedó de sus 30 mil metros cuadrados originales. A raíz de la exclaustración de los franciscanos en 1860, se destruyó gran parte de la iglesia, que fue convertida en caballerizas del circo Chiarini. Antonio de Ciudad Real, secretario particular del fray Alonso Ponce, enviado por el rey a inspeccionar las fundaciones franciscanas novohispanas lo describió así hacia 1585.

“El convento de San Francisco de México es casa de comunidad en que moran de ordinario muchos frailes. Es la cabeza y casa más principal de la provincia del Santo Evangelio. Hay en él enfermería a la cual acuden a curarse de los demás del arzobispado de México, que no van a la de Puebla de los Ángeles. No estaba acabado el convento porque se deshizo lo viejo y lo iban de nuevo labrando. Estaba entonces hecho un cuarto grande de los altos y dos dormitorios en que moraban muchos frailes, y otro en un alto y la enfermería. Pegada a ese convento está la capilla de los indios llamada San Joseph de los Naturales (o de los indios), donde se les administran los santos sacramentos y se les predica. Los indios hacen grandes limosnas con las cuales por la mayor parte se sustenta el convento, el cual está edificado en los buenos de la ciudad y entra en él un buen golpe de agua de una de las dos fuentes que tiene. Pasa una acequia por la una parte del convento y por otra un brazo que de ella sale y aun desta se mete una acequia dentro de casa con que se hace una balsa en que se guardan algunas canoas con que se trae leña y otras cosas, y van los frailes a predicar y decir misa a algunas visitas que están entre aquellas lagunas y pantanos. En el sagrario de este convento hay y se guardan muchas reliquias de huesos y vestiduras de santos y en la iglesia de él están enterrados muchos frailes que en su vida y muerte dieron muestras y señales muy manifiestas de ser escogidos y siervos de Dios, entre los cuales están cuatro de los 12 primeros que vinieron a estas partes, y otro de los tres primeros que vinieron antes de esos 12, llamado fray Pedro de Gante, el cual edificó la capilla de San Joseph y otras muchas iglesias y enseñó a los indios mexicanos, además de la doctrina cristiana y política, los oficios mecánicos, que ágora usan, y leer y escribir, y cantar y pintar y otras cosas, por lo cual y por su santidad le tienen los indios enterrado en la dicha capilla y colgado en ella su retrato natural. Esta también enterrado en nuestro convento el primer arzobispo de México, fraile nuestro, llamado don fray Juan de Zumárraga, y el primer obispo de Yucatán, de la mesma orden, llamado fray Francisco de Toral y otros muchos frailes de grande opinión de letras y santidad”.

Para leer más Ciudad Real Antonio de Tratado curioso y docto de las grandezas de la Nueva España, Universidad Nacional Autónoma de México, 1993, 2 vols.

Vergara Hernández Arturo y Robert H Jackson, Las doctrinas franciscanas de México a fines del siglo XVI en las descripciones de Antonio de Ciudad Real (OFM) y su situación actual. UAEH, 2018.

Romero de Terreros Manuel, La iglesia de San Francisco de México, anales del Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM, en http://www.analesiie.unam.mx/pdf/20_41-43.pdf.

Comentarios