Todo indica que el corazón de Gustavo Enrique Madero Muñoz dejó de latir por la presidencia de la Cámara de Diputados y abandonó su curul.
Hace unos días, cuando los diputados federales albiazules pulsaban quién sería, de entre ellos, el presidente camaral durante los primeros seis meses del segundo año de la 63 Legislatura federal, Madero estaba seguro de que, ¡por fin!, la historia le haría justicia e hilaría ese cargo al que ocupó en 2008 en relevo de Santiago Creel Miranda en el Senado de la República.
–Gustavo, ¿tu corazón late por la presidencia de la Cámara de Diputados?– le pregunté.
–Siempre ha latido– respondió sin pensarlo.
La sonrisa que siguió a la respuesta evidenciaba que el diputado federal Gustavo Enrique Madero estaba en el umbral de hacerse del cargo, con el respaldo del presidente nacional del PAN Ricardo Anaya Cortés y Marko Cortés Mendoza, coordinador del grupo parlamentario de Acción Nacional en la Cámara de Diputados.
Pero no. En la encerrona celebrada en el hotel Camino Real de Jiutepec, Morelos, el consenso fue nominar al diputado federal morelense Javier Bolaños Aguilar, por el primer semestre y, por el segundo, la diputada federal Guadalupe Murguía. Una decisión salomónica que sacó de la jugada a Gustavo.
Por supuesto, en la encerrona hubo gritos y sombrerazos, incluso corrió a extramuros una plática telefónica entre dos panistas en la que hicieron pedazos a otro de los aspirantes, Federico Döring, quien de plano ni siquiera se atrevió a cuestionar la nominación de Bolaños y Murguía, ni Eukid Castañón, el alfil del gobernador de Puebla, Rafael Moreno Valle Rosas, quien lo impulsó como parte de su estrategia de hacerse de buena parte de la voluntad albiazul en su sueño de ser candidato a la presidencia.
Sin duda, ese cónclave albiazul de los días 22, 23 y 24 de agosto en Jiutepec, fue un verdadero escenario en el que se libró la batalla de ambiciones, de esos grupos que pretendieron arrinconar a Ricardo Anaya y a Marko Cortés y su grupo, especialmente por Madero y los que Eukid pretendió sumar a su causa. Claro, Eukid ni figuró.
Pero Madero montó en cólera porque, según él, Ricardo Anaya faltó al compromiso de proponer al pleno de la Cámara de Diputados su nominación, consensada entre la bancada albiazul, como presidente.
Una versión que no fue desmentida tajantemente por Anaya es que la bancada del PRI, en específico el coordinador de ésta, César Camacho Quiroz, se opuso a que Madero fuera nominado. ¿La razón? Simple y sencilla: Gustavo Madero fue firmante, defensor e impulsor del Pacto por México, del que después se desmarcó y descalificó, con acres declaraciones, incluso, contra el presidente Enrique Peña Nieto.
El PRI es mayoría en la Cámara de Diputados con 208 legisladores; el PAN tiene 109 y el PRD 60. Por tanto, Marko Cortés y Ricardo Anaya no se habrían atrevido a proponer a Gustavo como presidente camaral so riesgo de un rotundo revés.
Pero, igualmente en la cúpula del PAN Gustavo ya no es bien visto. Y lo sabe tanto que su enojo se extendió hacia todos aquellos que votaron en contra de nominarlo; por supuesto, como marcan los cánones, atacó y descalificó a Anaya. Pero su berrinche no sobrevivió a la primera quincena de septiembre y volvió al espacio que le viene ad hoc: un cargo en el gobierno de Chihuahua.
En el gobierno de Pancho Barrio Terrazas, fue director general de planeación y evaluación del gobierno estatal. Ayer, Gustavo entregó a la mesa directiva de la Cámara de Diputados su solicitud de licencia por tiempo indefinido, a la diputación federal.
¿A dónde va? Aduce que se integrará al gabinete del próximo gobernador de Chihuahua, Javier Corral Jurado.
En la solicitud de licencia, dirigida al presidente de la Cámara de Diputados, Javier Bolaños, el mismo que lo sembró en su sueño de presidir a este órgano legislativo, Madero aduce que se separará de su cargo inmediatamente después de que su solicitud sea aprobada por el pleno camaral, es decir, este martes.
“Me permito solicitar se me conceda licencia en el ejercicio de mi cargo como diputado federal, para separarme del mismo por tiempo indefinido y poder incorporarme al equipo del nuevo gobierno del estado de Chihuahua, encabezado por nuestro gobernador electo Javier Corral”, refiere el expresidente nacional del PAN.
Digamos que, en estricto sentido, Madero Muñoz y la Carabina de Ambrosio son la misma cosa. El berrinche le duró lo que dura una jugosa oferta de irse a cobrar como funcionario público en su estado natal. No hay duda, Javier Corral quitó del camino de Ricardo Anaya, rumbo a la sucesión presidencial, un obstáculo llamado Gustavo Enrique Madero Muñoz. ¿Seguirá latiendo en su corazón la presidencia camaral? Por de pronto, tal vez deje de latir por la Secretaría de Gobierno de Chihuahua. Digo.

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