Jorge Dolores Bautista

Como en una película de ciencia ficción la sociedad global ha visto como el coronavirus (Covid-19) ha ido diseminándose por el mundo en entero. Para quienes vivimos en Latinoamérica vimos como el virus llegó por Ecuador, país con fuertes vínculos migratorios con España. En el caso de México el virus apareció a finales del mes de febrero, y en Hidalgo fue a mediados de este mes cuando reportaron los primeros contagios, alcanzando una suma de infectados, que si bien es pequeña, ha alcanzado al mismo gobernador del estado, Omar Fayad.

En el contexto de la estrategia nacional que trató de limitar el daño a la población económicamente activa que está empleada en actividades informales que no les permiten resguardarse en casa para cumplir la cuarentena, algunos gobiernos estatales y municipales comenzaron a tomar medidas para tratar de contener al Covid-19. En ese escenario resulta importante conocer de qué manera han estado actuando en las regiones indígenas, en específico las de Hidalgo, que como sabemos son poblaciones distantes de los principales urbanos, de empleos precarios y donde la infraestructura de salud es por decir lo menos, insuficiente.

Las acciones que han implementado algunas autoridades municipales para prevenir el Covid-19, ponen en riesgo el comercio y la alimentación de decenas de miles de habitantes de comunidades nahuas de los municipios de Atlapexco, Huazalingo, Huautla, Huejutla, Jaltocán, San Felipe Orizatlán, Xochiatipan y Yahualica; donde plazas y tianguis son los principales centros de abasto de mercancías básicas y perecederas de la región. Y es que a excepción de Huejutla y algunos establecimientos en Orizatlán, en esa región prácticamente no existen supermercados, establecimientos que durante la presente contingencia han sido los lugares donde la gente de las ciudades acude a comprar además de lo básico, cosas como gel, alcohol, desinfectantes y otros productos necesarios para hacer frente al Covid-19.

La reacción apresurada de muchos gobiernos municipales además de poner en peligro el comercio, que junto con el dinero de los migrantes es la columna vertebral de la economía de esa región indígena del estado de Hidalgo, arriesga el derecho a la alimentación de la población indígena. Así quedó demostrado cuando por ejemplo en el municipio de Atlapexco solo fue permitido el comercio de productos básicos como el maíz, que subió su precio de manera descontrolada ante el acaparamiento y las compras desbordadas.

El avance de la pandemia exige actuar de manera coordinada, pero también requiere acciones específicas de acuerdo a la realidad local. No considerar eso sería actuar de la misma manera en que han hecho en otros momentos de la historia, cuando las imposiciones lejos de ayudar resultaron contraproducentes para las poblaciones indígenas. Sin duda dentro de la emergencia que estamos viviendo es difícil tomar decisiones, sin embargo tienen que hacer el esfuerzo para actuar conforme a la realidad local. No hacerlo puede sumar al problema otras situaciones, que por lo precario del entorno económico y hasta ambiental, pondrían en mayor peligro a un entorno social que de antemano ya era precario. Es importante decir que frente al coronavirus las comunidades también han tomado decisiones, algunas polémicas, pero estas en otro momento las analizaremos.

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