El coronavirus infecta al mercado laboral y lo desafía a un cambio estructural

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Pachuca.- Los efectos devastadores de la pandemia producida por el coronavirus (Covid-19) están latentes, y aunque el mundo intenta adaptarse, continúan siendo alarmantes y generando incertidumbre, tanto a nivel sanitario como económico, pero a su vez dejan expuestas deficiencias históricas del mercado laboral y oportunidades para salvarlas.

El desempleo: la pandemia colateral

El problema del desempleo representa históricamente, en condiciones “normales”, uno de los mayores obstáculos para el progreso de una nación, el logro de una distribución equitativa del ingreso y, por lo tanto, el alcance de una sociedad más justa. En México, como en gran parte del mundo, es un problema que se viene acarreando desde 1950. Hoy, la situación pandémica que nos atañe exhibe de manera precisa y golpea duramente a quienes menos se ocuparon de las deficiencias acarreadas.

Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), en las áreas de la economía que más empleos podrían perderse a causa del Covid-19 se emplean a unos mil 250 millones de trabajadores del mundo. En México, el porcentaje de trabajadores en sectores de riesgo llegaría a 51.5 por ciento.

México, entre los países más golpeados de la región

De acuerdo con el organismo internacional especializado, Chile, Brasil, México y Colombia son los países más afectados de la región.

El azote más brusco de la enfermedad sobre el empleo en el país, de acuerdo con datos de la Encuesta Telefónica de Ocupación y Empleo (ETOE) que realizó el Instituto Nacional de Geografía y Estadística (Inegi), implicó en abril la pérdida de 12.5 millones de ocupados. Los datos del Inegi reflejan el contraste histórico del mercado laboral en México y particularmente el del desempleo producido por la crisis del Covid-19: de acuerdo con el mismo, 83.2 puntos porcentuales (10.4 millones) de los que abandonaron la fuerza laboral eran trabajadores informales (frente a una reducción de 2 millones de puestos formales).

A pesar de que en mayo la tasa de desempleo bajó a 4.2 por ciento, hay 2 millones más de subocupados y 1.9 millones más de informales, según el Inegi.

En junio, las deficiencias del mercado se acentuaron.

La tasa de desempleo superó las 5 unidades porcentuales, la de informalidad continuó aumentando, aunque el porcentaje de subocupados bajó, va a llevar mucho trabajo de fondo que pueda retornar a valores de una cifra. En términos generales, dejaron de estar empleados 4.2 millones de mexicanos más (formales y subocupados), de los cuales unos 3.3 millones pasaron a formar parte de la economía informal.

Los retos que el Covid-19 le impone al mercado laboral son:

A. Reducir niveles de informalidad.
B. Mejorar condiciones para disminuir la subocupación.
C. Mejorar márgenes fiscales y monetarios
D. Reducir la brecha de género laboral

¿Por qué son “deficiencias del mercado laboral” el subempleo y la informalidad cuando son personas ocupadas en algún trabajo?

Que estén subocupados implica que trabajen menos horas, ganen menos
o saquen menos partido de sus competencias, lo que se traduce en un
trabajo menos productivo: En términos generales, “suelen realizar
un trabajo menos productivo que el que podrían y desearían hacer”.

Que estén ocupados de manera informal implica que sean laboralmente
vulnerables; ya sea porque la ocupación que tienen no cuenta con un
registro que garantice protección laboral, o bien, su empleador no les
reconoce derechos como subordinados.

¿Cómo se construye una política social para aminorar los puestos de trabajo perdidos?

Las proyecciones sobre la reducción de empleos para 2020 hacen prever una pérdida masiva de puestos junto a una reducción de las remuneraciones de aquellos que siguen trabajando.

A pesar del empeoramiento de la situación, no son valores inéditos en el país, aunque pueden acercarse a los altos valores de 2009.

La gran diferencia con otras crisis vividas es que en el caso de esta pandemia ningún país del mundo tiene experiencia, lo que implica que la recuperación del mercado laboral sea incierta y cuanto mucho, parcial.

Lo más probable es que las pérdidas de trabajo se ahonden en los próximos meses, dependiendo en gran medida de la evolución de la crisis sanitaria mundial y la eficacia de las medidas tomadas para que los efectos no redunden en incrementos significativos de la pobreza a los ya elevados niveles de desigualdad.

El gran problema en México no es el desempleo, sino el subempleo y la informalidad

Ante una caída prevista tan acentuada, según la analista Melisa Murialdo, se va a requerir un esfuerzo continuo, flexible y creativo para lograr una recuperación tal que permita volver a los niveles de empleos previos a la crisis mundial: el desafío para las políticas de respuesta a la crisis es enorme, requiriendo no solo programas de respuesta que estimulen la economía y el empleo, sino también que los reestructuren con el fin de adecuarse a la nueva normalidad y poder aprovechar esa oportunidad para vivir en una sociedad más justa y resolver, con un virus como motor, el problema del subempleo que acarrea México desde la postguerra. De acuerdo con el análisis realizado, se observa que particularmente en el país, a medida que la población migraba a las ciudades, muchas personas fueron absorbidas laboralmente por los sectores de comercio y servicios, que son las actividades de mayor concentración del subempleo.

Teniendo en cuenta que:

  • La informalidad crece a medida que se agrava la situación de emergencia.
  • La tasa de subocupación se mantiene en niveles elevados desde 1950 y superó los dos dígitos desde el impacto inicial de la pandemia.
  • Los jóvenes y las mujeres son los más vulnerables.

Las medidas a tomar para que la caída no sea tan marcada y poder cumplir con el objetivo fundamental del empleo creando una sociedad menos desigual, como la prevista, deberían continuar estando enfocadas principalmente a los grupos vulnerables, en el personal esencial más expuesto a riesgos y en una reestructuración laboral que forme parte de la política económica nacional y que mejore las condiciones en el sector informal, que abarca gran parte del mercado laboral del México y reduzca continuamente la tasa de subempleo, que forma parte del gran problema estructural histórico del país.

No es posible el desarrollo sin igualdad.

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