Ese día no fue diferente a los muchos a que tenía acostumbrado al chinchorro de pelones que le escuchaban decir “por los lugares de la añosa villa del mineral de Pachuca subo y bajo”. Parados frente a las fuentes de agua que circundan el monumento al cura Hidalgo, en la sexta década del siglo XX, con la abuela inclinada casi de rodillas sobresaliéndole los torcidos y desgastados guaraches de llanta-tecatcli, sus arrugadas enaguas de manta bajo el desgastado “mandil de cuadrille bordado” así lo llamaba ella, disfrutaban de la Real plaza Mayor, Constitución, en ese entonces ya en proceso de destrucción.
Con sus pequeñas, oscuras y suaves manos del color de los higos maduros, que no tenían nada que envidiar al negro de la obsidiana, acarició delicadamente con gran suavidad los adornos festones labrados en cantera de los depósitos de agua, las figuras de mármol de los surtidores del líquido, a lo que más tiempo dedicaba era a recorrer con las manos la hermosa herrería de fragua trabajada a mano, al rojo vivo del carbón que convierte los fierros en material maleable. Siguiendo las circunvoluciones de la artística obra sin una gota de soldadura, volteó hacia sus mulas pelones con una suave voz melodiosa, melancólica, musitó “el monumento rematado con la estatua se colocó en el centro de la rectangular plaza principal mirando al Poniente por donde se oculta la iluminación natural diurna, viendo a los arcos del añejo portal de la alhóndiga”.
El artista que talló, que labró el bloque de mármol del cura lo ejecutó con maestría, con un gusto refinado en el arte de la época, siglo XIX, con gran experiencia en el cincel y el mazo. La viejilla exaltada anotó “sin ponerlo en duda con la influencia de Manuel Tolsa, es muestra clara de la enseñanza de la histórica y verdadera Noble Academia de Bellas Artes de San Carlos Borromeo de la Nueva España”. La obra alardea buena talla “elegante, uno de los más notables que se hayan erigido en honor al cura” así lo leyó ella en los periódicos de la época, fue construida por mandato de Porfirio Díaz presidente en esa etapa de creación de la nueva nación mexicana, ¡que nos da el nacionalismo, que nos da una identidad! Se levanta en la traza original virreinal en la plaza Mayor el monumento a la “libertad”, a don Hidalgo, desvelado el 16 de septiembre de 1888 durante “la usurpación del estado por indignos gobernantes”; esa trinca infernal de los Cravioto (1877-1897) que alternó el poder entre Simón, Rafai y Pancho, todos Cravioto, arrieros y poblanos.
El monumento revela el estilo neoclásico de Manuel Tolsa escultor, arquitecto, académico, dorador y maestro con aportaciones a México de artísticas y notables obras. Virtuoso que se embarca en 1791 en el puerto naviero de Cádiz llenó de fragatas, galeones, carabelas y naos, portando un cargamento de trabajos en yeso, bocetos, trazos, dibujos, pinturas, grabados y esculturas. La obra a Hidalgo muestra las ornamentaciones en molduras, guirnaldas y festones destacando enormes ménsulas en las esquinas de los costados en forma de “s”, “esa es la influencia de Tolsa” sentenció ella, aparentando soportes decorativos cubiertos de hojas en roleo con follaje enseñando magnificas acroteras al pie de la estatua, en los frentes, como en esquinas sobre las ménsulas. Sin duda, se enloqueció la abuela al señalar que “lo que atrae a la vista son las enormes águilas imperiales mexicanas fastuosamente esculpidas con las despampanantes alas desplegadas devorando una serpiente, el ave de rapiña se yergue majestuosa sobre el lábaro patrio que destaca la creación del nacionalismo mexicano por el gobierno
del último tercio del siglo XIX”.
Sí, es un “monumento utilitario, político y social” aseguró sin temor a equivocarse la anciana mujer, “con un perfecto eje de simetría por los cuatro lados, coronado por la escultura del cura como eje central de los volúmenes distribuido simétricamente en la locación de los símbolos más importantes; acroteras, ménsulas, águilas, cartelas –donde en las fiestas centenarias y por donación de una colonia extranjera se colocó una corona de bronce hoy perdida– los símbolos distribuidos simétricamente”, sus cuatro fuentes de agua utilitarias para la población, como surtidores estatuillas de mármol sin identidad alguna, ella notó a leguas que “son de factura de otro tallador, distinto al de las águilas y del cura”.
El cascabel al gato ya suena. La población ve con gustillo los cambios del gobierno de Fayad, se sabe que aproximadamente 90 por ciento de los funcionarios parásitos enquistados en el aparato burocrático fue echado, pero aún quedan expertos trapecistas, cabilderos, activistas y vividores. En el Centro Estatal para la Cultura y las Artes quien hoy despacha, de amplia trayectoria en verdadera cultura, creación de museos, formación de coros reconocidos en el país, conocedora de arte y difusión en la entidad, figura como buen principio en el largo camino a librarse de esos sentidos dueños, oportunistas incrustados por casi 40 años, sin perfil, sin actitud, ni aptitud, vueltos enormes obstáculos para cumplir con el derecho humano a la cultura y el arte, para la protección del patrimonio material e inmaterial. Se vio cómo se movían, se oyó cómo se pateaban esos de lacademia hablando mal de todos, ¡gran reto para Nydia Ramos!
Los pachuqueños no quieren pensar en tolerar más corrupción, fraudes, malas obras, hartos de la falta de empleo, la inseguridad, negocios que apestan a conflicto de intereses, robos al erario, ¡todo este lastre ya no es posible! Del tuzoburro dijo el gobernador “no vamos a destinar recursos a un proyecto que ha generado tantos conflictos y tantos problemas y que está señalado por la gente, sería una locura”, ¡suena sospechoso un proyecto de particulares! en el que da la cara y paga las consecuencias el gobierno por lo no planeado, completamente desatinado e inspirado en el “método de ensayo y error”, ¿será el escudo de la complicidad recíproca? Se preguntaría la abuelilla “¿tapaos los unos a los otros?”.

Comentarios