Este 16 de septiembre de 2016, el monumento a Hidalgo en la primitiva plaza principal, plaza Mayor, plaza Constitución, centro de la antigua villa del mineral de Pachuca, cumplió 128 años. Mirándolo, ya fatigada la anciana abuela con su interminable enseñanza en la segunda mitad del siglo XX, le veían sufrir su recua de pelones ante la desaparición de lo poco conservado en el viejo mineral de argento, lo único que la contentaba, le hacia retomar el ánimo y la alegría era el invocar el recuerdo de cosas hermosas de finales del siglo XIX.
“El vetusto mineral de plata, uno de los cuatro reales mineros, es un verdadero altero de documentos y legajos” repetía, en espera paciente de investigaciones documentadas, científicas, que busquen seriamente y encuentren algún día las verdades de la historia de la villa, permitiendo desechar la inmundicia tejida por autollamados, autoaplaudidos y reverenciados conocedores y especialistas, aquellos que en la mayoría de sus publicaciones se citan entre ellos y a sí mismos hasta los errores, amén incluso de contradecirse.
Triste y melancólica gruñó la anciana “si se encontrara voluntad, ética, disposición y honestidad, fuera de la historia oficial apoyada y creada por los gobiernos, para lograr rescatar una historia realmente documentada, podríamos reconstruir la memoria de cada edificio antiguo y sus atributos, de una manera consiente, sin invenciones ni leyendas, sin protagonismos”. Ese trabajo que no ha sido hecho, proporcionaría elementos para su protección, su rescate, su restauración y su revitalización, cada pista, marca, huella, despostillada y seña aguarda al investigador, cronista, historiador honesto y confiable.
Ella recordó la historia oficial de finales del siglo XIX articulada por Vicente Riva Palacio y Justo Sierra a pedido de Porfirio, presidente en turno que promovió el culto gobiernista a Miguel Hidalgo como “libertador”, como “iniciador” de la Independencia de México al liberarse de los gachupines, así como a Benito Juárez “reformista”, mandando construir estatuas en bronce o en mármol en las plazas públicas más importantes del país. Sí, Porfirio Díaz es quien lo convirtió en el héroe nacional que hoy es, héroe sin tacha, al constructor esa versión oficial ensamblada por los literatos Sierra y Riva Palacio desatando la historia patria escrita a pedido gubernamental por el señor presidente.
La viejecilla tenía bien claro que en el segundo tercio del siglo XIX se celebraba, sobretodo por los conservadores, a Agustín de Iturbide como el gran héroe consumador de la Independencia (1821) no a Miguel Hidalgo como iniciador (1810), e incluso ella recorría orgullosa de él la calle principalísima de esta villa que llevaba el nombre de Iturbide, hoy Venustiano Carranza. “Al cura le permitió ser el héroe que hoy es el triunfo del grupo liberal, consagrándolo y enalteciéndolo como el cura de la patria dador de la libertad a la nueva nación mexicana durante el Porfiriato”. La guerra armada de 1910, muy nombrada de “Revolución” rescata la creación oficial, la historia patria forjada con don Porfis en la que los escritores gobiernistas dan brillo a Hidalgo y a Juárez. De ella aseguró la abuela “es la historia patria hecha a pedido forjada por los amigos Justo Sierra y Riva Palacio esa que manipula, arregla, deforma el pasado” como las interpretaciones oficiales patrias, práctica recurrente hasta el día de hoy por ser poco ética y cómoda para impúdicos vividores de la patraña y el engaño, como lo mentado del Julián Villagrán y el Chapitel.
La vieja mujer mirando y dando vueltas al monumento a Miguel Hidalgo que da símbolo a la “Independencia” y evoca el nombre de este estado, dijo que jamás se imaginaron los “indignos gobernantes”, así llamados por la población en la época (1877-1897), a la trinca infernal de arrieros, comerciantes, sátrapas Simón, Rafail y Pancho Cravioto, ni consideraron que el monumento se convertiría en el punto central de la población minera y jornalera durante más de 60 años.
Ese bello monumento con cuatro fuentes en su base, artística herrería de forja y fragua, ensamblada únicamente con remaches, águilas, figuras de mármol como surtidores de agua, coronado con magnifica escultura tallada en mármol blanco del cura Miguel Hidalgo. La estatua simboliza según la argumentación oficial la libertad y la Independencia, portando en la mano derecha un documento y en la izquierda una rama de laurel, tiene ya 128 años fiel testigo de la historia de la villa de argento y del estado, es quizá uno de los más antiguos, tal vez el único, del mineral, aseguró ella. No ha sido restaurado, nada más remendado, hoy el monumento y toda la plaza Constitución se afirman como uno de los sitios de mayor deterioro y abandono en la ciudad, se está desmoronando debido a la indolencia, incuria, dejadez e ignorancia de las autoridades estatales y municipales, a los que se dicen historiadores oficiales y protectores, cronistas servilitas, comités de vividores profesionales parásitos de comodatos que con sus pleitos y descalificaciones atraen los reflectores de políticos carentes de cultura.
El cascabel al gato apenas se calienta, añejas frases recobran valor “a Virrey muerto Virrey puesto”, las fiestas del 15 de septiembre fueron marco ideal y pretexto para el paseo del sentido nuevo virrey en Pachuca, no ocupó su lugar en el balcón del palacio mirando a los de abajo. Estuvo a ras de piso en medio del pueblo con ridícula campana referida de “megacampana”, en plena austeridad y recorte un derroche en escenografía, templetes, músicas, fuegos artificiales y banderas ¿será que tendremos pan y circo o puro circo? De los robos, fraudes y corrupción nada ¡por no patear la cacerola!, el tuzoburro una ofensa.

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