El curioso caso de las miniaturas aztecas

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En contextos arqueológicos de Tlatelolco se han encontrado artefactos miniatura en forma de sillas para infantes, comales, metates trípodes –típicos del periodo Postclásico–, jarras, cántaros con tres asas para transportar agua y cajetes hechos de barro cubiertos con engobe. Su forma y función están relacionadas con diversas actividades como son las prácticas culinarias y el consumo de alimentos, la molienda de maíz, el nixtamal y la preparación de tortillas, caso de los cajetes, los comales y metates; además del transporte y almacenamiento de líquidos. Muchos de estos, fechados entre 1350 y 1521, corresponden a representaciones de la cultura material que fue utilizada por individuos al interior de las unidades domésticas.
Algunos de estos, como las jarras y los cajetes, presentan motivos decorativos negros sobre un fondo anaranjado, típicos de la cerámica azteca. Hay especialistas que sugieren que la forma y la decoración de las miniaturas emulan los objetos de cerámica utilizados por el pueblo en la vida cotidiana. Y que estos eran distintos de las cerámicas rituales y de aquellas asociadas a las élites cuyas formas, materiales empleados en su hechura, técnicas decorativas y de manufactura sugieren una mayor sofisticación en tanto que fueron hechas para participar en ritos y exhibirse públicamente, así como utilizadas para expresar nociones relacionadas con el estatus social del propietario o del usuario.
Las miniaturas informan sobre el consumo de objetos, los rituales domésticos, las prácticas alimentarias y también sobre rituales mortuorios. Algunas han sido descubiertas en contextos de enterramiento, como parte de la ofrenda, del ajuar funerario. Por ello, se han interpretado como un símbolo de las pertenencias del individuo, de los objetos que utilizó en vida. Tan importantes y tan necesarias que eran parte de los objetos que acompañaban al difunto. Por este motivo, pueden ser investigadas para conocer actitudes hacia la muerte y la relación establecida entre individuo y objeto. También si se trata de hechuras domésticas y locales, o si su elaboración estuvo a cargo de talleres de alfareros especializados. Vale la pena reflexionar por qué se recurría a representaciones miniatura de objetos cerámicos como parte de la ofrenda funeraria. ¿Cuál fue el ciclo de vida de estos objetos? ¿Se encuentran de manera más frecuente o exclusivamente en entierros de mujeres, de hombres o de infantes? ¿Fueron manufacturados ex profeso para la muerte? De ser así, ¿quiénes estuvieron a cargo de satisfacer estas necesidades?
Dependiendo del contexto arqueológico en el que se encuentren, las miniaturas podrían asociarse también a la presencia de infantes en las unidades domésticas. Esta clase de cultura material podría visibilizar a un grupo social poco estudiado desde la arqueología: los niños. Las miniaturas tienen el potencial de revelar algunas de las actividades que involucraron a este grupo social, tales como el aprendizaje de técnicas alfareras, los juegos y los roles de género. A partir de esto, es posible comprender algunas actitudes ejercidas por la sociedad azteca hacia la infancia y la manera en que se construían las identidades de los individuos en el periodo Postclásico. Esto permitiría reinsertar a los niños al paisaje social.
Las miniaturas son una fuente de información arqueológica que aún despierta muchas interrogantes. Son una ventana que permite reconstruir aspectos de la vida material del pasado, de la cotidianeidad, algunos relacionados con cambios en las prácticas alimentarias, actitudes hacia la infancia y la importancia que determinados objetos tenían para la sociedad, incluso en la muerte. La investigación sigue abierta, a la espera de algún curioso.

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