En un hecho inédito en la historia reciente del estado, el Sindicato del Personal Académico (SPAUAEH) y del Sindicato de Trabajadores y Empleados (SUTEUAEH) de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo estallaron la huelga con sus afiliados en todas los centros de trabajo de la universidad el pasado 4 de marzo al no llegar a ningún arreglo de las demandas contenidas en sus pliegos petitorios sobre aumento salarial y prestaciones, después de que en tiempo y forma emplazaron a la institución ante la junta de conciliación y arbitraje de la Secretaría del Trabajo estatal; esta había sido señalada para su inicio el miércoles 28 de febrero pero fue prorrogada por cuatro días, sin embargo, al no tener ninguna propuesta del gobierno del estado de apoyo económico como le corresponde, los sindicalizados ejercieron su derecho constitucional de huelga.
Está en un momento de la peor política neoliberal y regresiva que el país registra, en particular por las llamadas reformas estructurales de Enrique Peña Nieto contenidas en el Pacto por México, avaladas por PRI, PAN y PRD, en particular la reforma laboral, misma que conculca logros históricos de la clase trabajadora como producto de grandes luchas reivindicativas del sindicalismo, quienes vieron cómo senadores y diputados de esos partidos redujeron la fuerza de trabajo a simple mercancía, no como un derecho conquistado, pues cambiaron las reglas de contratación al permitir el outsourcing, el trabajo por horas, la disminución de salarios y prestaciones, entre otros retrocesos, y ahora también pretenden desaparecer la contratación colectiva, a los sindicatos y solo contratar individualmente, desaparecer las juntas de conciliación, todo con el objetivo de favorecer a los empresarios voraces del país y del extranjero que, además, han ido reduciendo de manera ilegal el estallamiento de huelgas desde las propias juntas locales y federales del trabajo a lo largo y ancho del país y ahora les “brinca” esta huelga universitaria.
Ayer, el rector de la máxima casa de estudios hidalguense Adolfo Pontigo Loyola dio una conferencia puntual, y sin rodeos, donde manifestó la postura de la universidad haciendo frente a los orígenes de las justas peticiones sindicales y sus causas; y cómo fue la respuesta del gobierno del estado y de manos de quien está la pronta solución. Su intervención partió de definir cómo se encuentra la universidad a 57 años de su autonomía, mencionando los resultados tangibles producto de la investigación y la academia, los reconocimientos a la misma, los avances en infraestructura, la superación académica permanente y el lugar en que se encuentra dentro del ranking continental, ocupando el lugar 72 de las 961 universidades de América Latina y el mil 200 de casi 30 mil a nivel mundial, todo esto es verificable.
Acompañado de Lidia García Anaya, líder de los académicos, y de Jaime Galindo Jiménez, por los administrativos, así como de otras autoridades, rechazó que en la revisión contractual exista conflicto o confrontación alguna en la comunidad universitaria –como lo refirió el secretario de Gobierno del estado-, explicando que el presupuesto universitario se integra con recursos de manera tripartita: del gobierno federal (que cumple puntual), del gobierno estatal y de recursos propios. Dijo que ya está avanzada la solución salarial pero que la cuestión de las prestaciones, en particular los vales de despensa, el gobierno estatal no ha hecho propuesta alguna de recursos extraordinarios comprometidos a otorgar como se hace desde 2006. Parece que olímpicamente quieren ignorar sus obligaciones, hacerse los occisos con falsos argumentos para politizar y descalificar la genuina huelga.
Esa actitud, totalmente equivocada del estado, tiene otras vertientes, pues deja al descubierto que no quiere que los universitarios rebasen el tope salarial ni mejoren sus prestaciones en una universidad que salió de su control hace más de 30 años, donde no pueden imponer autoridades, meter a sus burócratas, controlar el presupuesto y a los sindicatos; permitir “el mal ejemplo” les significa que puedan surgir otros sindicatos en el estado, que se organicen y les demanden mejores condiciones laborales.
Deja ver además su talante antisindical como el de los gobernadores que le antecedieron, pues no han permitido la organización democrática en otras instituciones, como sucedió en la Universidad Tecnológica Tula-Tepeji hace algunos años o como no la aceptan en la Universidad Politécnica, el Instituto Tecnológico Superior del Occidente del Estado de Hidalgo, la Universidad de la Energía y tantas otras escuelas públicas donde al magisterio y empleados se les niega el derecho a sindicalizarse y recibir mejores salarios y prestaciones.
Tampoco le ha resultado al gobierno mantener la necedad de imponer un órgano de control a la UAEH a pesar de que la Suprema Corte no le da la razón y el Congreso del estado insiste en impugnar a sabiendas que la autonomía es un derecho constitucional, a pesar de que el propio gobernador ofreció apegarse a la ley les queda de tarea la aseveración del rector Pontigo Loyola sobre consultar los dictámenes de la Auditoria Superior de la Federación y de la Auditoria Superior del Estado de Hidalgo, donde avalan los resultados de transparencia y rendición de cuentas sobre el manejo cabal de los recursos públicos.
Esta huelga genera esperanza y alegría, pues existen trabajadores dignos que defiende sus derechos y una comunidad universitaria que los entiende y respalda, son ejemplo para otros núcleos laborales que deben despertar, adquirir conciencia y organizarse sin temor. El ciudadano gobernador tiene en sus manos la solución inmediata de la huelga atendiendo lo que le compete, con una visión de estadista, y no permitir que las diferencias políticas o personales prevalezcan; pronto estarán las campañas políticas en todo apogeo con las elecciones más competidas de la historia, debe mostrarse como un demócrata y digno gobernante. Hidalgo merece vivir en paz y con seguridad para iniciar un verdadero desarrollo.

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