El derecho de seguimiento o droit de suite es el derecho de autor, de carácter patrimonial, que tiene como función la de asegurar al artista plástico la percepción de una retribución equitativa en los rendimientos que se derivan de la explotación de su obra. En términos prácticos, el artista recibe un porcentaje cada vez que su obra se vende. Reconocido ya por 71 países, en México, ese derecho fue aprobado en 2005 y por desgracia no opera, ya que no cuenta con el reglamento necesario que lo haga funcionar y que consiste, en pocas palabras, en establecer el porcentaje para el artista. En la mayoría de los países que lo aplican, ese porcentaje es del 3 por ciento sobre el valor de la obra adquirida, aunque hay casos como el de Alemania donde el droit de suite es del 5 por ciento.

Pero, ¿por qué no se ha hecho el reglamento? ¿Por qué en más de una década no se ha podido establecer un porcentaje? Simple, cuando fue aprobado el derecho de seguimiento le “aventaron el paquete” a los artistas y a las galerías y casas de subasta para que se pusieran de acuerdo. Y aquí el meollo del asunto, las galerías y casas de subasta se niegan a pagarle a los artistas, argumentando que pierden el derecho de la obra en el momento en que se vende por primera vez. Así, por ejemplo, si un artista vendió una obra en mil pesos hace un año, y el precio de la obra subió y ahora cuesta 10 mil pesos, al artista le corresponde un pequeño porcentaje de ese valor, pero para la galería eso no debe de ser, la obra ya no es del artista y por lo tanto se puede lucrar con ella cuantas veces sea necesario. Así las galerías se aprovechan de las precarias situaciones en las que se encuentran la mayoría de los artistas de este país, compran su obra a muy bajo costo para después venderla en cantidades exorbitantes, el negocio perfecto y el artista a volar.

Pero la ambición de esos usureros no termina ahí, a parte, al artista le pueden quitar, a veces, hasta el 70 por ciento de lo que cuesta su obra, el artista solamente recibe el 30 por ciento de su trabajo; si va a exponer, a parte tiene que desembolsar la renta de la galería, la recepción, las invitaciones y hasta el catálogo, y a veces hasta donar una obra para el acervo de la galería. En fin, el galero nunca pierde y además se niega a que se reglamente el derecho de seguimiento por afectar a sus intereses privados.

Hace unos años, el Partido Acción Nacional (PAN) inició un cabildeo entre galerías y casas de subasta para la derogación de ese derecho de los artistas, por atentar contra sus intereses, sin llegar, afortunadamente, al éxito, ya que, si bien, los acuerdos internacionales no son vinculatorios de las leyes mexicanas, sí hay convenios donde México suscribe ese derecho.

Pero el asunto no termina ahí, no solo se limita a las galerías, ahora también a muchas casas de cultura que siendo espacios y foros abiertos para y por los artistas para la difusión de su trabajo, juegan ya al usurero cobrándole a los artistas por exponer su trabajo, cero catálogo, cero invitaciones, cero recepción, cero seguro para las obras, cero transporte.

“Tenemos que hacer autogenerables las casas de cultura”, claro, a las costillas de los artistas. Así se las han gastado los tecnócratas de la cultura, la mayoría, verdaderos forúnculos de ignorancia enquistados en la infraestructura cultural del país.

En la nueva coyuntura resulta fundamental que el nuevo gobierno ponga atención en la cantidad de deficiencias que tiene la Ley Federal del Derecho de Autor y atienda a cabalidad, tanto las demandas legítimas de los artistas como los convenios y tratados internacionales en la materia a los que suscribe México ¡Ni un paso atrás en la defensa de los derechos autorales!

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