Libro de Heribert Von Feilitzsch, fruto de una exhaustiva investigación, con Félix A Sommerfeld como figura central y de hecho casi desconocido en particularidades de la Revolución Mexicana, resulta no solo interesante, sino adictivo, en los entretelones de la vida de un agente del servicio secreto alemán.

Resultó pieza clave en la historia de nuestro país, y tan cercano a Francisco I Madero, que fue su confidente personal aún antes de que el Apóstol de la Democracia fuera electo presidente.

Mientras trabajaba para Madero, y posiblemente con su apoyo tácito, Sommerfeld actuó como enlace del ministro alemán en México, el almirante Paul von Hinze, a quien brindó información de inteligencia sobre México, Europa y Estados Unidos.

Su influencia ayudó a enfocar la política exterior alemana hacia Madero y, posteriormente, hacia Victoriano Huerta.

El texto, voluminoso, de Feilitzsch se titula Maestro de espías en México, precisando un periodo: 1908-1914.

El autor creció en Alemania, cerca de la Cortina de Hierro, la frontera con Alemania del este.

En 1998, emigró a Estados Unidos como estudiante. Fascinado por la situación de la frontera entre México y aquel país, cursó una maestría en historia de América Latina, en la Universidad de Arizona, enfocada en las relaciones entre México, Alemania y Estados Unidos.

Más adelante, obtuvo una maestría en administración de empresas por la Universidad Wake Forest.

Tras 20 años de trabajo arduo, escribió cuatro libros sobre el agente de inteligencia naval Félix A Sommerfeld.

Vive en una granja al norte del estado de Virginia, con su esposa y sus hijos.

Las habilidades de Sommerfeld y la ayuda que le prestaron sus contactos en las altas esferas del gobierno estadunidense produjeron una notable red de agentes a lo largo de la frontera de México y Estados Unidos que después aprovecharía para unirse a la lucha contra Huerta, cuando este asesinó a Madero y usurpó la presidencia en un sangriento golpe de Estado.

El texto se divide en cuatro capítulos: “Los años formativos”, “De la dictadura a la revolución”, “La presidencia de Madero” y, la última, “Insurgencia”.

Parece interminable la lista de personajes inmiscuidos en el movimiento armado, en un tono de serena objetividad.

Se alude al 16 de junio de 1911 cuando Francisco I Madero llegó triunfante a la capital de la República.

Arropado por una multitud delirante, la única preocupación de Sommerfeld era cuidar de la seguridad de Madero, quien en su menuda contextura –medía 1.60 metros y pesaba 64 kilogramos–. Corría el riesgo de ser aplastado por sus seguidores.

Hay anexado un breve texto de Sommerfeld, en 1919, que dice: “He pasado más de seis años de enervante agitación y sentido que necesitaba una ocupación más sosegada. Pero deseo agregar aquí que durante aquellos años de participación en asuntos políticos mexicanos siempre he utilizado cualquier influencia a mi disposición para mantener la paz y relaciones amistosas con Estados Unidos… Eso es todo lo que puedo decir ahora”.

También se deja en claro que ni siquiera en el círculo íntimo de Madero tenía la menor sospecha del papel que el agente germano desempeñaría en su revolución en la década que se avecinaba.

De ediciones culturales Paidós, bajo el sello editorial CRÍTICA, la primera edición del libro es de febrero de 2016.

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