Mario Cruz Cruz

Profesor investigador de la UAEH

Karina Guadalupe Carrillo Torres

Profesora del ICEA

 

Las medidas comerciales restrictivas aplicadas por parte de los Estados Unidos de América (EUA), particularmente en la importación de acero y aluminio hacia México y Canadá, traerá consecuencias diferenciadas para cada uno de los países involucrados.
En México se está generando un efecto inflacionario de los productos que se importan o exportan y que utilizan esos insumos para su fabricación, además de otros efectos negativos que se producirán en diversos indicadores macroeconómicos como la balanza comercial y el tipo de cambio.
Sin embargo, como en toda guerra comercial y proceso de resistencia, nuestro país cuenta con diversos mecanismos económicos y geopolíticos para dar respuesta a las medidas unilaterales implementadas por Donal Trump y que puede darle posibilidad de aminorar sus costos.
En respuesta a esa ofensiva comercial, el pasado 4 de junio la Secretaría de Economía de México anunció llevar el tema del acero y el alumino a la Organización Mundial de Comercio (OMC), en el marco de sus mecanismos de solución de controversias. Ello abre la posibilidad de que nuestro país resulte favorecido, ya que en varios hechos históricos similares prevaleció la noción de la nación menos favorecida o en vías de desarrollo y, además, se cuenta hasta el momento con Canadá como socio estratégico en esta batalla, quien ha declarado que las medidas estadunidenses son contrarias a los postulados del libre comercio.
De igual forma, otra medida que implementó México fue la de incrementar gravámenes en los sectores agroalimentario, siderurgico e industrial estadunidense. Desde la óptica geopolítica, esa medida no es un asunto menor, porque se afectan a sectores estratégicos de un bloque pujante de empresarios estadunidenses que confiaron electoralmente en Trump y que una medida así golpea directamente las exportaciones estadunidenses de cerdo, provenientes principalmente de productores de Texas y Iowa. De igual forma, esa acción afectará a los productores de manzana de cinco de los 10 principales estados que le dieron votos como Michigan, Pensilvania, Carolina del Norte, Ohio e Idaho (El País, 6 junio 2018); el reclamo de los empresarios estadunidenses afectados será el bumerán que no podrá obviar el presidente estadunidense en el próximo proceso electoral de su país.

La necesaria creación de un pensamiento geopolítico comercial para México

Las contramedidas aplicadas por las autoridades mexicanas frente a la ofensiva comercial estadunidense son positivas, donde además se pudiera ampliar la lista de productos para aplicar la misma restricción. Además, México tiene la posibilidad histórica de aventurarse a fortalecer sus vínculos comerciales con otros mercados estratégicos (o hegemónicos) y no tradicionales como China, que le permitan solventar ese impase, pues en un ambiente “normal” de comercio no podrían tomarse medidas de esa naturaleza, a riesgo de justificar alguna sanción para nuestro país por parte del país hegemónico.
De hecho, pudiera ser también una oportunidad para implementar medidas que desde hace más de 30 años debieron haberse aplicado como el fortalecimiento de la producción interna en sectores estratégicos y la salvaguarda de ciertos productos clave para el desarrollo nacional.
Los efectos negativos a la industria de los alimentos y de la construcción, por el aumento de los aranceles al aluminio y al acero, debe de ser el acicate que motive a los tomadores de decisiones la instauración de políticas comerciales para que en todo momento se proteja el interés nacional.
Al nuevo gobierno que favorezcan los mexicanos en las elecciones deberá de asegurar recursos para fortalecer los centros académicos y de investigación en materia comercial para generar el capital humano requerido (tanques pensantes) para negociar en ese tipo de contingencias y avisorar escenarios prospectivos que alerten a nuestro país sobre el comportamiento de los actores globales y su peso en el entramado comercial.
En esa ruta, los analistas de los centros de investigación pública que forman especialistas en comercio exterior tenemos una deuda histórica ¡comencemos a pagarla!

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