Cuando un secuestro es resuelto en menos de 24 horas, luego de que es denunciado públicamente enfrente del secretario de Gobernación Miguel Osorio Chong y del gobernador Francisco Olvera, es difícil creer que haya sido un caso ordinario. Si la mujer que decidió hincarse frente al encargado de la política interna del país hubiera ido a presentar su denuncia a las autoridades correspondientes, ¿ya estaría resuelto su problema? No es creíble, es inverosímil. Otro escenario: si la mujer que pidió alivio a su tragedia se hubiera encontrado con Osorio y Olvera en privado, ¿habría tenido el mismo efecto? ¿Hubiera ya aparecido su hija? No es lo mismo pedir ayuda en privado que frente a cámaras y micrófonos de medios de comunicación, no solo locales, sino nacionales e internacionales. Desgraciadamente en nuestro país el engaño y la simulación son la norma y no la excepción. Por eso el sospechosismo encuentra tierra fértil en cualquier caso en apariencia exitoso. Luego de que se anunció el feliz desenlace de la historia del secuestro ocurrido en Venta Prieta, el gobernador Olvera fue entrevistado. Descartó que haya habido algún tipo de preferencia por las circunstancias específicas de la denuncia. Dijo que el protocolo que se siguió fue el mismo “solo que no todos se hacen públicos”. Llamó, después de semejante buena noticia, a confiar en la ley y en los cuerpos policiacos. De acuerdo, confiemos. Denunciemos y guardemos la calma. Vayamos a la procuraduría y hagamos el trámite en caso de que la delincuencia toque a nuestra puerta. Pero, como el famoso cuento de Monterroso: lo más probable es que cuando despertemos el 98 por ciento de impunidad en los delitos seguirá ahí. De filón. Conforme más se acerca el final de las actuales administraciones municipales, más deudas le aparecen al alcalde de Mineral de la Reforma Filiberto Hernández. Ahora los quejosos fueron proveedores de servicios de eventos sociales e incluso banquetería. ¿Habrá alguien a quien don Fili sí le haya pagado a tiempo?

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