Bernardo Ángeles Santillán

La sociedad exitista y consumista en la que nos hemos convertido nos lleva a una loca carrera en procurar conseguir el éxito rápidamente, para poder comprar y tener más que nuestros semejantes, perdiendo de vista nuestras necesidades reales, los afectos y en definitiva, nuestra propia vida, ello en pos de caer en gracia a los demás. Porque en definitiva, de eso se trata. Todos buscamos posesiones, glamour, éxito y demás parafernalias, por el simple y sencillo hecho de que todos deseamos que nos quieran. Es allí, donde aparece el estrés y sus derivados.

Y en este espacio estamos dejando de lado a ese grupo mayoritario de la población mundial, que no puede darse el lujo de estresarse o pensar en posesiones, porque están demasiado ocupados intentando sobrevivir apenas.

Aclaremos que dentro del estrés debemos incluir trastornos como la depresión y la ansiedad.

Esos problemas suelen ser tratados con psicoterapia y fármacos, pero esos tratamientos pueden presentar efectos colaterales, además de su elevadísimo costo monetario. Eso ha llevado a los especialistas a la búsqueda de nuevas soluciones y una de esas ha sido la práctica de deportes.

De acuerdo con diversos estudios, el ejercicio físico tendría un valor preventivo y terapéutico para la depresión y la ansiedad. Por supuesto que eso no es una novedad, ya que el valor del deporte era conocido desde tiempos de Hipócrates, pero la medicina moderna fue perdiendo el interés en esas terapias, como siempre ocurre, a favor de las tecnologías más modernas como la psicofarmacología y la neurobiología, que se creían la panacea en su momento. O lo que sería lo mismo, en favor de los intereses de los grandes laboratorios y las altas esferas del poder. Pero como siempre, las panaceas no funcionan como lo esperamos y retornamos a los métodos naturales.

No se necesita ser un científico para conocer los beneficios del deporte sobre las emociones del ser humano, basta con practicar alguno y veremos nosotros mismos los resultados. Nuestro cuerpo funciona mejor, nos sentimos mejor, más alegres, nos fatigamos menos y nos vemos mejor. Eso por sí solo contribuye a disminuir la carga del estrés.

Esos beneficios no son exclusivos de los deportistas de élite, sino que funcionan a cualquier nivel, hasta con deportistas adultos mayores o personas con discapacidad.

Veremos que los aportes del ejercicio a nuestro organismo pueden resumirse en tres áreas: cardiorrespiratoria, fuerza y resistencia muscular y flexibilidad. Numerosos estudios realizados emplearon actividades aeróbicas y anaeróbicas para tratar trastornos de depresión y ansiedad.

Los estudios han demostrado que las actividades deportivas contribuyen a reducir significativamente la ansiedad. Por ejemplo, podemos observar mejorías luego de una sesión de ejercicios aeróbicos.

Claro que no cualquier ejercicio servirá para esos tratamientos, pues deben cumplir ciertos requisitos para producir el efecto tranquilizante: deben ser rítmicos (carrera, salto sobre obstáculos, caminata, montar en bicicleta), la duración de la actividad puede oscilar entre cinco y 30 minutos, con una intensidad que constituya 30-60 por ciento del máximo que cada sujeto admite.

Es cierto que no existen milagros y todo eso funciona luego de un período de entrenamiento, que puede llevar entre cuatro y 20 semanas.

Pero por otro lado, está demostrado que uno de los factores desencadenantes de la depresión es la falta de ejercicio. Algunos psicoterapeutas han llegado a comparar el valor de la práctica del ejercicio con el de algunos tratamientos psicológicos tradicionales.

Con base en eso, podemos concluir que la práctica de deportes y ejercicio físico pueden constituir una alternativa a los tratamientos psicológicos, o al menos, puede ser un complemento de los mismos, de acuerdo con el caso. No olvidemos que el ejercicio produce un bienestar mental y una mejoría psicológica, por sí mismo, por lo que es beneficioso en cualquier caso, aunque no se padezca estrés.

El mecanismo que funciona en ese caso es que el ejercicio aporta una reducción del estado de ansiedad, también disminuye la depresión moderada, reduce el estrés, las neurosis, favorece el tratamiento de depresiones severas y resulta beneficioso psicológicamente para personas de ambos sexos y de cualquier edad.

Claro está que ciertos tipos de ejercicio como los de alta intensidad no contribuyen a reducir la depresión, sino que aumentan la fatiga, la tensión y los problemas de carácter.

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