“Si confías en tu seguridad y no piensas en el peligro (…), serás como el gorrión que anida en un toldo o el pez que nada en un caldero, no acabarás el día”
Chuko Liang

El conflicto es algo que siempre está presente en nuestras vidas. Se nos ha enseñado a evitarlo, no a provocarlo. Pero aun así, siempre está a la vuelta de la esquina. Es algo que va íntimamente relacionado con nuestra libertad y nuestras acciones. Y como tomadores de acción, debemos de aprender a lidiar con el conflicto.

En el mundo de los negocios, el conflicto prácticamente es parte esencial. Lo encontramos en el arte de la negociación, el cual es el arte de resolver los conflictos al momento de hacer un trato. Y esto también aplica en cualquier relación que tengas con cualquier persona en tu vida diaria.

Aceptémoslo, estamos rodeados de posibles conflictos, siempre. Y honestamente, creo que el enseñarnos a evitarlo es un gran error; tampoco digo que debamos provocarlo o que se nos enseñe a, sino más bien a saber cómo defendernos y negociar en favor de los conflictos que pueden surgir entre las personas y nosotros.

Pero regresemos al mundo de los negocios; quiero que aprendas precisamente de este mundo. Cuando creamos una nueva empresa, cuando decidimos encaminarnos en el paso del emprendedor y su mundo, nos enfrentamos a unos de los conflictos más difíciles: el interno.

Seamos honestos: todos tenemos miedos o dudas, e iniciar un negocio es uno de sus más grandes catalizadores. El miedo que nos da el no saber qué sucederá, si fracasaremos, si perderemos dinero, si seremos capaces de ser líderes, si sabemos lo que estamos haciendo, etcétera. Son estos cuestionamientos a lo que me refiero con el conflicto interno; todos, para entablar un negocio, debemos de vencer las dudas que tenemos dentro para salir adelante. Se puede extrapolar la idea a cualquier reto que enfrentemos en la vida. Debemos de batallar con estas dudas, porque si las evitamos o ignoramos, estaríamos engañándonos a nosotros mismos, y esto solo puede terminar en fracaso.

Si seguimos con este planteamiento, al establecer un negocio nos enfrentamos a otro conflicto: la competencia. Porque esa es la definición de competir: entablar un conflicto para saber quién sale victorioso, el producto de la competencia o el mío. Así lo es, ¿no? No es un tema que se pueda abarcar descuidadamente, las empresas invierten grandes cantidades de capital financiero y humano para poder encontrar la manera, la estrategia, para tener la ventaja sobre sus competidores. Se desarrollan estrategias para vencer, para ganar. No podemos hacer caso omiso de los negocios que están allá afuera, eso sería catastrófico.

Las empresas a nivel mundial han estado compitiendo desde el momento en el que nacen; lo hacen para sobrevivir. Este instinto hacia la competencia debe estar incluido en el perfil del emprendedor. ¿De qué otra forma creen ustedes que se puede enfrentar a la competencia y a las adversidades, si no se tiene un sentido de competencia y de búsqueda por la victoria?

El conflicto es algo más que obstáculos y problemas; es oportunidad. Es lo que nos hace desarrollarnos a través del tiempo. Deriva en un sentido de competencia para el hábil. Es una cuestión con la que los empresarios debemos lidiar y aprender a utilizar. Crecemos mediante las dificultades que se nos presentan.

@crisramirezes

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