Hay libros cuya escritura es en sí misma motivo de otra novela. Uno de los casos clásicos a propósito de esto fue la hoy semiolvidada El enamorado de la Osa Mayor, en su momento un éxito en ventas que consiguió dos adaptaciones en cine y televisión en Italia, pero apenas la punta de un iceberg gigantesco cuyo enigma lleva inscrito el nombre de su autor. Piasecki, a diferencia de un enorme número de creadores, cuando llegó a la fama y se hizo de una sólida reputación como escritor, tenía tras de sí más que la historia de una trayectoria personal, una serie espectacular de desaciertos y sinsentidos que no se sabe a ciencia cierta cuál es el pasado biográfico del escritor

Las únicas pistas más o menos verídicas de su existencia consisten en la ocupación bolchevique de Rusia y que a los 19 años el autor se encontraba en Moscú, donde atestiguó una barbarie que se quedaría fija en su obra como un desprecio abierto hacia todo lo que representara el comunismo. Aunque de origen bielorruso, Piasecki fue incorporado al Ejército polaco gracias a su habilidad con los dialectos rumanos y el mismo ruso

En la frontera de Rusia con Bielorrusia, e instalado como espía de Polonia, Piasecki empezó a conducir incursiones en suelo moscovita con un éxito que no tenía uno solo de los agentes polacos. Pero a medida que sus operaciones crecían, también la demanda de recursos para costear sus iniciativas, así que volteó hacia una alternativa que nadie había intentado, el contrabando. Mientras en México el paso por la frontera hacia Estados Unidos lo acaparan los “polleros”, en suelo balcánico y la periferia de Rusia con sus vecinos de oriente, los contrabandistas eran conocidos como “maquinistas”

Piasecki movilizó cocaína y pieles preciosas, así como fugitivos escudados en la niebla de bosques y tundra que debían cruzar solo quienes conocieran el suelo fronterizo. Aunque consiguió una fortuna con sus operaciones, todo el dinero que recaudó de ellas fue destinado a sus colegas presos, ya que mientras los espías eran condenados a muerte, los contrabandistas solo recibían una condena menor, misma que desde las cárceles servía para acceder a una red de información que Piasecki controló con sus subordinados, un ejército organizado por él y que la misma Policía polaca no tenía para vigilar la frontera rusa

A raíz de un descontento con sus superiores, en apariencia provocado por el encuentro de información que exhibía las conexiones entre los poderes ruso y polaco, Piasecki fue despedido de las fuerzas polacas y se introdujo de lleno en el contrabando, hasta que fue capturado y encarcelado en Polonia. Se le imputó una condena a muerte que por clemencia de uno de sus superiores fue conmutada por otra de 15 años. No obstante, tras las rejas organizó motines que ameritaron reubicarlo en otra prisión de máxima seguridad, donde por fin aprendió a escribir en polaco y allí nació El enamorado de la Osa Mayor

Melchior Wańkowicz, un periodista que conoció los manuscritos de Piasecki, entusiasmado con la prosa del escritor se hizo a la tarea de publicarla y, una vez a la venta, el libro se transformó en un éxito sin precedentes de la literatura polaca, hasta el punto de figurar todavía entre lo mejor de la producción nacional. El favor que obtuvo de su libro fue tan colosal que sirvió para remover del todo su condena y liberarlo de prisión. A partir de entonces, Piasecki se volvió un vagabundo de entre guerras y huyó a Italia para desvanecerse de la persecución comunista, donde se mantuvo años, hasta su reubicación en Gran Bretaña, donde murió y descansan sus restos

La primera edición de El enamorado…, publicada por Plaza y Valdés, cerraba la presentación del libro con el desconocimiento del paradero de Piasecki, asumiendo que fue su única novela. No obstante, el autor publicó Adán y Eva, Honor de ladrones, La torre de Babel, Memorias de un soldado del Ejército rojo, entre otras, desconocidas primero por el veto de censura del aparato comunista sobre Polonia, y segundo, por el mismo hábito de Piasecki por borrar toda huella de su rastro conforme se desplazaba de un lugar a otro

Dos compositores retomaron la lectura de la novela y aportaron en algo al enigma de Piasecki: Benedetto Ghiglia, creador conocido en Italia durante la renovación del spaghetti western y quien musicalizó la adaptación para cine, así como Tomasz Obara, cuya adaptación al teatro de Memorias…; son de los poquísimos recordatorios de tan extraordinario autor

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