La historia del México antiguo, así como del contemporáneo, está ligada inexorablemente a la historia de la minería. Pero en esta materia se están dejando muchos cabos sueltos, quizá porque de esa manera fue diseñado el experimento privatizador de la riqueza minera mexicana, con leyes a modo para generar un latifundio subterráneo, despojando sistemáticamente a los propietarios y reemplazando nuestra identidad republicana por un país cada vez más pequeño, pero grande en colusiones e intereses cruzados.

Por otro lado, el esquema de la voraz privatización de la minería provocó efectos adversos; fue demoledora en los pequeños mineros, negativa en la naturaleza y en el colmo del desparpajo se incentivó la depredación de áreas protegidas. Además de otros efectos adversos con nefastas consecuencias para el trabajador, sobre todo en su estabilidad y salud; y, paradójicamente, el efecto adverso hasta en empresarios.

Igualmente, es erróneo creer que solo basta estirar la mano para hacerse de la riqueza natural sin la intervención del hombre, como algo que nos regala la naturaleza sin más, sin valorar el esfuerzo que se requiere de la salud entregada; además, se omite invertir en la educación superior para formar capital humano que genere y aplique métodos de extracción amigables con el ambiente, que tengan conocimiento de las normas de seguridad, y que exista apoyo a proyectos de investigación innovadores y de infraestructura, entre otros, que son letra muerta.

En ese sentido, el derrumbe en la mina de Dengantzha es un deplorable ejemplo de la ineficacia gubernamental con desafortunadas declaraciones de que los muertos no se contabilizan porque no están en su lista, como si se tratara de los dolorosos campos de concentración; y un gobierno del estado que no hace su trabajo para realizar, a través de su dirección de minas, recorridos técnicos y actualizar sus datos.

Entretanto, es preocupante y previsible la caída actual de México en el ranking mundial sobre países y zonas de interés para la inversión minera. El estudio reciente del Instituto Fraser así lo señala al recoger las percepciones de las compañías internacionales del rubro sobre el potencial minero y el riesgo político y económico de esa industria en las distintas regiones y naciones; según su encuesta 2017, la percepción negativa que se cierne en la minería mexicana es por la mala política pública aplicada a la actividad minera en México y la inseguridad. En cuanto a ese último aspecto, México quedó entre los 10 países más peligrosos del mundo, al ocupar la posición nueve en el ranking.

Mientras, el indicador sobre el atractivo de México hacia la inversión minera nos ubicó debajo de la mitad; donde 100 puntos es la calificación máxima, el país obtuvo 44 y en el Índice de Percepción de Políticas (IPP) logró 49. Todo lo anterior indica que debe realizarse un golpe de timón hacia un enfoque adecuado de la minería nacional.

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