Hilda María del Consuelo Godínez Guzmán

Cuántas veces hemos hablado o escuchado en las noticias, radio y televisión; o leído en las noticias periodísticas y en Internet; o ha sido tema de discusión de una clase o charla entre familia… Cuánto tiempo, horas, días, meses o años se ha hablado sobre el envejecimiento, además del compromiso que el Estado tiene con los adultos mayores. Es por ello que realizaremos una reflexión sobre ese tema y qué escenarios son a los que se enfrenta la cuarta transformación.

Existen un sinnúmero de libros, revistas y estudios realizados sobre ese tema, entre los que encontramos a autores como Karen Dayana Rodríguez Daza con su texto Vejez y envejecimiento (2011), donde se visualiza al envejecimiento “como un proceso que se vive desde el nacimiento y se caracteriza por diferentes cambios en niveles físicos, mentales, individuales y colectivos; estos cambios definen a las personas cuando ya están mayores, pero los debemos ver como un proceso natural, inevitable y no necesariamente ligados a estereotipos”.

Desde el punto de vista biológico, encontramos que en el envejecimiento todos los sistemas fisiológicos, como el cardiorespiratorio, osteomuscular y renal, así como las capacidades intelectuales, cognitivas y psicológicas, empiezan a debilitarse.

Para Rodríguez Daza (2011), el envejecimiento involucra cambios importantes, como el “descenso progresivo de los valores máximos de rendimiento fisiológico, disminución del número de células y cambios atróficos”.

Además, los grandes problemas y retos a los que se enfrentan los adultos mayores son de calidad de vida, abandono, maltrato físico y verbal, entre otros.

Ese grupo poblacional forma parte de múltiples facetas de un cambio de las dinámicas demográficas humanas; Montes de Oca manifestó que por “un previo incremento en la fecundidad, seguido de una baja en la mortalidad infantil, efecto de una baja en la mortalidad por enfermedades degenerativas aunado a un incremento en la esperanza de vida, un aumento en la razón de dependencia, así como un proceso migratorio rural-urbano, producto de la industrialización que concentró, en un primer momento, a grandes contingentes de población joven económicamente activa en centros urbanos e industriales”, la población mundial de adultos mayores ha registrado un aumento considerable.

En la década de 1950 se integraron al grupo de 60 años y más, 4 millones de personas al año; en los primeros 10 años del siglo XXI aumentó a 15 millones; la tasa anual de crecimiento de dicho grupo en la actualidad es de 2.2 por ciento y llegará a ser hasta del 3 por ciento en la segunda década de este siglo.

De acuerdo con dicha dinámica, el número de adultos mayores se triplicó entre 1950 y el año 2000, pasando de 205.3 a 606.4 millones. Asimismo, se proyecta un aumento de mil 348.3 millones para 2030.

Estudios realizados en América Latina manifiestan que las personas de 60 años y más representan por primera vez en la historia el 10 por ciento de la población en el continente, lo que equivale a 57.3 millones de habitantes.

María Concepción Arroyo Rueda (2011), en su libro La vejez avanzada y sus cuidados, mencionó que para 2050 los adultos mayores aumentarán a 182.8 millones, lo que equivale a un cuarto de la población regional; es importante mencionar que se triplicarán en los siguientes 40 años.

La población de adultos mayores crece rápidamente en comparación con los otros grupos poblaciones, por lo que la velocidad de cambio de esa población será entre tres y cinco veces mayor que el de la total. Dicha transformación demográfica tendrá profundas repercusiones en la sociedad, en las familias, poniendo en predicamento la cohesión social, los derechos humanos y el papel del Estado.

Arroyo (2011) dijo que en México el índice de envejecimiento es moderado, ya que el aumento de los adultos mayores ha sido notable en los últimos años. Para 2010 había 6.4 millones, incrementándose a 14.3 en 2030 y 25.9 millones para 2050, aquí surge la primera pregunta: ¿la cuarta transformación del presidente Andrés Manuel López Obrador podrá resolver los aspectos de atención a la salud, los cuales en la actualidad no otorgan un servicio de calidad y son insuficientes?; otro aspecto, no menos importante, es la seguridad económica, pues en México existe un porcentaje alto de pobreza extrema, lo cual no asegura una economía adecuada para las necesidades de los adultos mayores, ¿qué podemos decir de los programas sociales y el aumento de la pobreza en los últimos años?

En los últimos años se han creado algunos programas que comparten la característica de otorgar una transferencia de ingresos a ese grupo poblacional, por lo que mencionaremos algunos: a finales de la década de 1990, el Progresa, ahora llamado Programa de desarrollo humano Oportunidades, fue un parteaguas en la política social; a nivel federal, el programa 70 y Más surgió como resultado de las negociaciones del presupuesto 2007 en la Cámara de Diputados, este fue reemplazado por el de 65 y Más, el cual otorga un apoyo económico de mil 200 pesos cada dos meses y si el adulto mayor cuenta con Seguridad Social, no puede acceder al apoyo que ofrece dicho programa.

Existe otro de pensión alimentaria para adultos mayores de 70 años, residentes en el Distrito Federal (ahora Ciudad de México); en 2001 inició la operación del Programa de apoyo alimentario, atención médica y medicamentos gratuitos para adultos mayores de 70 años residentes en la Ciudad de México, que en un principio estuvo focalizado territorialmente a la población adulta mayor en zonas de alta y muy alta marginación, posteriormente se universalizó y otorgaba 600 pesos mensuales, así como medicamentos gratuitos, además de que organizaba actividades grupales de promoción de la salud y control de padecimientos crónicos.

La familia es un factor importante en el proceso de envejecimiento, es por ello que José Miguel Guzmán y Sandra Huenchuan realizaron un estudio en 19 países latinoamericanos, en donde encontraron que un alto porcentaje de personas adultas mayores viven con sus hijos; las personas de ese sector que viven solas oscilan entre el 8 y 20 por ciento. A diferencia de los países desarrollados, la familia latinoamericana ha abstraído de manera primaria el impacto del envejecimiento poblacional al extenderse en su composición, agrupando varias generaciones en los hogares de las personas mayores.

De acuerdo con los resultados del Análisis comparativo sobre los programas para adultos mayores en México de Gloria M Rubio y Francisco Garfias, alrededor del 15 por ciento de los hogares tienen algún miembro de 70 años o más, la mayoría de estos son mixtos, aunque existen cerca de un millón de hogares integrados solo por adultos mayores.

Ante dicho escenario, ¿la cuarta transformación podrá hacer frente a esta problemática? ¿Qué nos espera? ¿Tendrán una solución para los problemas de salud y seguridad económica? ¿Los programas sociales que están proponiendo ayudarán a una mejor calidad de vida? El tiempo será nuestro mejor aliado para ver si el presidente entrante dará respuesta a las promesas de campaña.

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