En el pasado remoto, hace apenas dos años, hubo un “neoliberalismo” que acercaba los servicios médicos, profilácticos, sanitarios y jurídicos al domicilio de quienes vivían en condiciones de extrema pobreza en los suburbios y en situación de abandono y postración o en extremos terminales.

En más de la mitad de los estados se fusionaban todas las organizaciones sociales, públicas y privadas para participar, apoyar e integrar a la sociedad y a sus grupos marginados en las tareas del programa Médico en tu casa, donde tenían prioridad los habitantes de zonas vulnerables y deprimidas. Causó un gran impacto internacional.

El programa, 100 por ciento humanitario, fue monitoreado y reconocido por instituciones y centros de investigación extranjeros, como la Universidad de Harvard, y adoptado por países de gran avance en materia sanitaria, Cuba en primer lugar, pues su cometido era prestar ayuda médico- asistencial a los más desprotegidos en sus propios hogares, sentando las bases de sistemas cercanos a la población.

Solo en el último año de aplicación, los médicos gubernamentales realizaron cerca de 2 millones de visitas domiciliarias a niños, jóvenes, mujeres embarazadas, discapacitados y adultos mayores en estado de abandono, postración y enfermedades terminales en las regiones más populosas y en los suburbios del país.

Médico en tu casa daba prioridad a mujeres, niños y ancianos

El entusiasmo que generó su vocación de servicio entre los propios compañeros de profesión logró que se sumaran brigadas de especialistas, camilleros, enfermeras y técnicos del sector salud, miles de médicos, profesores y pasantes de universidades públicas e institutos tecnológicos de la nación.

Se detectaron, durante las visitas asistenciales y profilácticas, miles de mujeres que, sin estar embarazadas, no habían sido revisadas clínicamente y menos habían recibido canastas nutricionales y material informativo para la adecuada orientación sanitaria.

En las brigadas participaron también odontólogos y expertos en enfermedades cardiovasculares y obesidad. La acción de paramédicos en motocicletas con equipos de comunicación integrados se agregó a otros cuerpos de emergencias que les dieron un nuevo rostro a las ciudades indefensas.

Monitoreaba la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Harvard

Se innovó con redes sociales de colaboración y de participación ciudadana en esta materia. Se percibió un cambio en la cultura de organizaciones que participaban.

Acercó a los gobiernos estatales a la ciudadanía y a la población en condiciones de desventaja extrema.

Debido a sus logros y gran impacto entre la población sin acceso a las instituciones de seguridad social, sin recursos para acudir a algún hospital privado, se llegó a plantear la posibilidad de otorgar al programa la obligatoriedad en las constituciones, elevándolo a rango de ley general.

Los pacientes eran checados en el acto y sus padecimientos se conectaban a los grandes archivos digitales, existentes en los hospitales y centros de investigación extranjeros, los que replicaban en automático sus resultados, avances y tratamientos específicos, en función de sus antecedentes clínicos.

Existía un sistema de interconectividad digital con los laboratorios especializados, dependientes de la Escuela de Salud Pública dependiente de la Universidad de Harvard, desde los cuales se emitían opiniones sobre las acciones procedentes e inmediatas a tomar para cada caso. También, se ofrecían adminículos para los enfermos. Lentes, muletas y aparatos para la sordera, entre muchos otros.

También había abogados apoyando a los pobres en sus trámites

Para fortalecer su eficacia humanitaria, se integraron a las brigadas médicas, abogados y pasantes de la licenciatura de derecho de diversas instituciones que, junto con notarios asesoraban en los domicilios a sus habitantes sin recursos, sobre problemas legales de tenencia de la tierra o problemas de la vivienda común…

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@pacorodriguez

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