Ana Laura Urrutia Cadenas

Existen muchas alarmas ambientales en torno a las fiestas de finales de octubre y principios de noviembre. El año pasado el periódico británico The Guardian hizo sonar las sirenas al declarar que tan solo en el Reino Unido, durante las celebraciones de Halloween del 2019, se generaron más de 2 mil toneladas de basura plástica. El equivalente a 83 millones de botellas de plástico tiradas a la basura en una sola noche.

En México, aparte de la basura generada por los disfraces, las decoraciones para fiestas y los envoltorios de dulces de Halloween, tenemos que añadir las bolsas de un solo uso de algunos panes de muerto, los adornos para la ofrenda hechos con plástico, los millones de papeles picados, los disfraces de catrinas y las toneladas de flores de cempasúchil que se compran en los mercados y se van a la basura sin compostarse, ni pasar por ningún proceso que prevenga la generación de lixiviados.

Toda esta basura generada durante las fiestas termina abonando al problema de manejo de residuos sólidos que ya está causado estragos ambientales importantes y que es necesario reducir.

Pero los problemas ambientales de Día de Muertos no se limitan a la basura, hay otro problema ambiental que aún no llega a México, pero que persigue al Día de Muertos como un fantasma no invitado.

Desde 2019, la revista Forbes y la Universidad Nacional Autónoma de México anunciaron que el mayor productor de flores de cempasúchil (tagetes erecta) en el mundo es China, seguido por la India y Perú. Si bien, las flores cultivadas en China se destinan a la industria de los alimentos animales, dando color al huevo y a la carne de pollo ¿cuánto falta para que la economía mexicana encuentre más rentable comprar estas flores que se están cultivando de forma masiva al otro lado del mundo? ¿En cuánto tiempo encontraremos 20 ramos de flor de muertos a cin – co pesos en el supermercado? Ramos de flores que vendrán del otro lado del mundo, cubiertos de agroquímicos con una huella ecológica 10 veces mayor que su contraparte mexicana.

De momento las flores que ocupamos la mayoría de los mexicanos en nuestros altares de Día de Muertos vienen de un cultivo local, trabajado principalmente por campesinos y campesinas mexicanas con técnicas tradicionales. No podemos esperar que en los monocultivos industriales tengan el mismo cuidado.

China tiene la economía agrícola más grande del mundo la cual se ha caracterizado por la constante búsqueda de “modernizarse” por medio del uso de monocultivos, agroquímicos y organismos genéticamente modificados.

Incluso si corriésemos con suerte y resultara demasiado difícil la venta transnacional de las flores de cempasúchil, la existencia de semillas modificadas genéticamente es un riesgo para el patrimonio biocultural de los y las campesinas mexicanas. Como ha ocurrido con el maíz en el pasado, los genes modificados pueden llegar a las variedades domesticadas o silvestres en México. Factores que se favorecen en los OGMs, como la sobreexpresión de los carotenos, podrían terminar afectando el equilibrio general de la planta haciéndola más vulnerable a los ambientes a los que había estado adaptada hasta este momento.

Estos riesgos, algunos aún meras hipótesis y otros, como los OGMs, ya realidades amenazan con aumen – tar la huella ecológica de las ofrendas y transformar la relación que los mexicanos hemos tenido durante años con las flores y festividades de muertos.

Queda mucho por hacer ante los problemas presentados aquí. Procurar un consumo consciente en estas fechas es lo primero. Debemos buscar alternativas reutilizables, de materiales locales y no plásticos de un solo uso en los adornos y disfraces de Halloween y Día de Muertos. Sitios de Internet como Greenpeace y ecologistas en acción ofrecen una serie de alternativas y medidas en contra de la generación de basura.

En cuanto al futuro de la flor de cempasúchil no hay nada seguro aún.

Nos queda elegir siempre el consumo de flores locales, producidas por campesinos y campesinas. Estemos atentas y atentos ante los estudios e investigaciones que se están haciendo con la flor de cempasúchil, no permitamos que se convierta en otro de los fantasmas que nos visitan en la ofrenda.

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