En Chile la dictadura militar (1973-1988) dejó como legado la Constitución de 1980 que en la actualidad aun define las reglas del juego, aunque sin legitimidad; e institucionalizó al neoliberalismo como modelo de desarrollo que por cierto fracasó. Lo anterior explica en parte el movimiento social de 2019 y el plebiscito en 2020 que sustentaron como narrativa pública el fin de ciclo político neoliberal postdictadura para construir un Estado social de derechos que sustente un nuevo modelo de bienestar.

El domingo, 7 millones 520 mil 528 chilenos participaron en el plebiscito que consultó dos preguntas: ¿Quiere usted una nueva Constitución? (apruebo o rechazo) y ¿Qué tipo de órgano debe redactarla? (convención constitucional o convención mixta). Los resultados muestran que la mayoría aplastante del 78.2 por ciento prefiere la opción de una nueva Constitución y un 79 por ciento quiere que sea una convención constituyente completamente elegida por el pueblo, quienes la redacten. Estos resultados desencadenaron los festejos cívicos hasta altas horas de la noche, un sentimiento de identidad e integración recorrió a la sociedad chilena, todos nos sentimos parte de este triunfo de la democracia. El domingo ganaron los ciudadanos, los excluidos, los olvidados y los marginados de los últimos 30 años. Esos que se permitieron en una noche tomarse las ciudades y pueblos para celebrar una victoria histórica, un hito que se consolidará en la memoria democrática de la sociedad chilena, así como el plebiscito de 1988 (si o no) que logró sacar al dictador Augusto Pinochet.

Este plebiscito fue único e histórico y no por la pandemia del Covid-19 que poco importó, sino porque es fruto de un movimiento social como el ocurrido desde el 18 de octubre de 2019. En donde por el alza del pasaje del metro se desencadenaron meses de revueltas y protestas sociales que desestabilizaron al gobierno y propiciaron una salida institucional a la crisis a través de cambiar la constitución de Pinochet. De allí entonces que este plebiscito sea de la ciudadanía y de un movimiento social que luchó por la dignidad, por una democracia verdadera, por los derechos humanos, por respeto a los pueblos originarios, por el feminismo, por mejores salarios y pensiones, por salud de calidad y educación gratuita. Y en esa amplia agenda, la nueva Constitución parece el punto de partida de un nuevo Chile. El desafío será construir un texto constitucional que profundice la democracia participativa y un Estado social que ponga en el centro a las personas y sus derechos humanos.

Tras este triunfo de los ciudadanos retumbó en mis oídos aquel discurso de Salvador Allende dado el 5 de septiembre de 1970 en el marco su victoria electoral: “Por eso, esta noche que pertenece a la historia, en este momento de júbilo, yo expreso mi emocionado reconocimiento a los hombres y mujeres, a los militantes de los partidos populares e integrantes de las fuerzas sociales que hicieron posible esta victoria que tiene proyecciones más allá de las fronteras de la propia patria. Para los que estén en la pampa o en la estepa, para los que me escuchan en el litoral, para los que laboran en la precordillera, para la simple dueña de casa, para el catedrático universitario, para el joven estudiante, el pequeño comerciante o industrial, para el hombre y la mujer de Chile, para el joven de la tierra nuestra, para todos ellos, el compromiso que yo contraigo ante mi conciencia y ante el pueblo –actor fundamental de esta victoria– es ser auténticamente leal en la gran tarea común y colectiva”.

El plebiscito del domingo es el comienzo de un proceso constituyente de dos años, en abril deberá constituirse la convención constitucional para redactar la nueva carta magna que finalmente deberá aprobarse en un plebiscito de salida en agosto de 2022. Si bien el plebiscito marca el inicio de un proceso, también es un hito histórico que quedará en la conciencia colectiva de los chilenos, reivindicando que la política es un asunto de todas y todos. Y nuevamente ese discurso de Allende volvió a mis pensamientos: “Esta noche, cuando acaricien a sus hijos, cuando busquen el descanso, piensen en el mañana duro que tendremos por delante, cuando tengamos que poner más pasión, más cariño, para hacer cada vez más grande a Chile, y cada vez más justa la vida en nuestra patria….”

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