Reza aquella famosa frase del libro de Nicolás Maquiavelo “El fin justifica los medios” pero, será cierto o acaso es un sofisma. Depende de qué fin se persiga y cuáles son los medios para lograrlo. Si para llegar a una posición política, por poner un ejemplo extremo, hay que asesinar, es preferible quedarse sin el puesto deseado. En este caso, el fin no justifica los medios, ¿Oh si?

¿Y para conseguir más votos en unas elecciones, es válido asociarse con uno de los adversarios o con otro partido político? También depende de cuál es el partido, su plataforma política, su ideología, sus dirigentes. Hay ejemplos a lo largo de la historia de asociaciones exitosas entre diferentes partidos para llegar al poder. Uno de ellos es la Unidad Popular, que hizo presidente de Chile a Salvador Allende. O la unión que se llevó a cabo en China entre la guerrilla de Mao-tse-Tung y sus adversarios contra Japón, era un momento de unidad nacional y no de guerra civil.

Y en el caso concreto de México, ¿qué partidos políticos se podrían aliar y cuáles no? Por lo menos existen siete en el congreso de Hidalgo: Morena, PRI, PAN, PES, PT, Panal y PRD.

Los tres primeros cuentan con la mayoría de la votación, pero los cuatro últimos, de asociarse con alguno de los primeros, pueden darle el voto necesario para ganar beneficios si se diera una votación muy cerrada y así lograr prebendas exitosas dentro del Congreso.

Claro, hay que estar alerta ya que al realizarse una coalición siempre se espera un beneficio y más en política. Una concesión pequeña puede desembocar en peticiones cada vez mayores que ya se podrían definir como chantajes. Pero tampoco hay que caer, por capricho, en el extremo contrario por ejemplo: cuando Díaz Ordaz comenzó como presidente de la República desató una persecución feroz contra los médicos de las instituciones del gobierno que se manifestaban solicitando mejores salarios; adujo que cada vez que comenzaba su mandato un nuevo presidente había sectores que lo querían probar y que él, con su respuesta firme, les estaba haciendo ver que no lo iban a chantajear y que tendría la mano firme. En realidad, el hombre de Chalchicomula (que allá nació), pasó a la historia como uno de los mandatarios más represores que ha tenido México, debido a sucesos como el mencionado con los médicos y a la masacre de Tlatelolco, aquel lejano 2 de octubre de 1968 que por cierto cumple 50 años de haberse gestado la acción represora.

Su mandato marcó los posteriores, para bien y para mal, hay que reconocerlo. Echeverría, su sucesor, quiso hacer una jugada que le salió mal: ordenó otra represión violenta contra los estudiantes que se manifestaban, el 10 de junio de 1971. Su gobierno había elaborado un plan para reprimir con un grupo oficial de choque al que denominaron Los Halcones, que se pasaron de violentos y para quedar como redentor el presidente buscó un chivo expiatorio, que fue su jefe del Departamento del Distrito Federal, Alfonso Martínez Domínguez. Le echó la culpa de todo y lo cesó, pero nadie le creyó a Echeverría que, a la fecha, sigue con el juicio de la historia pendiendo sobre su cabeza. Las acciones represivas de esos dos presidentes marcaron, para bien y para mal, a los sucesores. Para bien, porque México abrió los ojos y nunca volvió a ser el mismo; para mal, porque las acciones represoras del gobierno aumentaron significativamente en las marchas y manifestaciones de protesta.

Son los extremos: Con el fin de permitir una celebración de Juegos Olímpicos tranquila, en 1968 ¿Se justificó la matanza de Tlatelolco? No.

¿La represión de los médicos? No.

¿Se justificaron las acciones de Echeverría el 10 de junio de 1971, sin importar cuál fuera el objetivo? No.

¿La alianza con cualquier partido para ganar una mayoría aplastante? Es de meditarse y vale la comparación con el Congreso de Hidalgo que para tener una mayoría aplastante, que aunque ya la tiene el nuevo partido hegemónico en el congreso (Morena), requiere de formar alianzas y cerrar filas contra sus detractores. Esperando que esas alianzas después no cobren caro sus favores. Pero, bueno, como bien dijo Enrique IV cuando fue coronado rey de Francia: “París bien vale una misa”. ¿Tú lo crees?… Yo también.

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Edad: Sin - cuenta. Estatura: Uno sesenta y pico. Sexo: A veces, intenso pero seguro. Profesión: Historiador, divulgador, escritor e investigador que se encontró con la historia o la historia se encontró con él. Egresado de la facultad de filosofía y letras de la UNAM, estudió historia eslava en la Universidad de San Petersburgo, Rusia. Autor del cuento "Juárez sin bronce" ganador a nivel nacional en el bicentenario del natalicio del prócer. A pesar de no ser políglota como Carlos V sabe ruso, francés, inglés y español.