La importancia del futbol en la vida cotidiana ha tomado, en el mundo, dimensiones anteriormente desconocidas debido a la revolución ocurrida en las modernas tecnologías de la comunicación. La televisión y la radio, principalmente, no pudieron ligar el mundo deportivo en tiempo real hasta que llegaron las nuevas tecnologías.

Pero desde el momento en que la transmisión de imágenes y sonido pudo superar las barreras nacionales, de inmediato el deporte por excelencia de la sociedad industrial, el futbol, tomó un lugar preponderante en los gustos de las familias. Aquí hablamos de un ocio y gusto socialmente construido. No hubo azar.

Poco queda en particular de este deporte que surgió en los barrios obreros de las urbes inglesas durante la consolidación de la sociedad industrial, como una manera de escape de los trabajadores ante las jornadas extenuantes al interior de las factorías, mal pagados y sin recursos para recrearse en otro tipo de cultura.

Con el tiempo, ese deporte fue llevado a otros rincones, como parte de la cultura del ocio de la sociedad industrial. A México, según expertos, llegó junto con la exploración minera a principios del siglo pasado. Se disputan acá sus primeras prácticas sin preocuparse de la influencia y el impacto como poder que ha tenido en la sociedad mexicana de aquellos tiempos y de los actuales.

Son reflejo de otra época los cambios que hemos visto en este deporte, de estar restringido a los límites nacionales, principalmente, a otro en el que las ligas mundiales captan la atención de miles de millones de seguidores, incluidos los clubes más conocidos –Madrid, Barcelona, Manchester City, entre otros–.

Este deporte y los equipos que lo integran se han convertido en el medio a través del cual las principales firmas mundiales asocian sus productos con determinados tipos de audiencia. Las ligas y los clubes son un nuevo reflejo del mundo y de las capas sociales que se identifican con determinado tipo de auditorio.

Las firmas deportivas españolas –Barcelona o Madrid–, que cuentan con millones de seguidores en el mundo, no son empresas ajenas a intereses económicos. Sus seguidores son bastiones de hombres y mujeres consumidores en el mundo y a los que a través del deporte llega algo más que una imagen deportiva o los goles de Messi.

Son reflejo de un mundo en el que, aparentemente, las relaciones de coloniaje de las naciones han sido sustituidas por un tipo de relación en donde las grandes potencias europeas pasan por engañosas potencias deportivas. Nadie se imagina que los bancos patrocinadores de ligas son las empresas que más ganancias se llevan de los países patrocinados.

Las ligas financiadas por la banca española transitan por medio del deporte como instituciones ajenas a los antiguos modelos de coloniaje. Pero usan el deporte como “camuflaje” para llevar a cabo la extracción de riquezas de las naciones. El futbol les ha dado la oportunidad de crear especies de “caballos de Troya” a través del deporte.

Ya hubo respuesta a Europa. Los gobernantes norteamericanos que habían intentado crear con poco éxito una Liga del deporte de la patada en Estados Unidos, han iniciado con cierto éxito la creación de una Liga que poco a poco se apresta disputarle a Europa la primacía deportiva y los intereses económicos en juego.

Ahora mismo China y la India –la primera parece conducirse como la nueva potencia mundial, mientras que la segunda es considerada una economía emergente–, se lanzan a fondo por conformar ligas de futbol que sirvan de contrapeso a la influencia europea en el deporte, específicamente en el futbol.

No olvidemos, lo importante en general del deporte es la imagen que el mundo se forma de una nación. Los cubanos, y anteriormente el bloque soviético, saben y supieron aprovechar muy bien el significado que tiene el deporte en la idea de superioridad e inferioridad de las naciones. El deporte refleja las relaciones de poder.

En ese sentido, el futbol es una herramienta de carácter político, de poder, que le permite a quien lo controla influir sobre la manera en que hombres y mujeres ligados al deporte moldean sus vidas. Las relaciones entre naciones de coloniaje han sido sustituidas por relaciones deportivas.

Y aunque también en el deporte se reflejan las relaciones de poder –las ligas europeas sobre las del mundo–, las mismas ligas europeas son un medio a través del cual las naciones reposicionan sus intereses a escala mundial. La influencia de Europa, particularmente de las ligas española e inglesa, no viene sola.

No es una minucia la importancia de que un equipo en el mundo tenga millones y millones de seguidores. Es un capital económico, pero también político. La importancia del Barcelona en el movimiento independentista ha sido fundamental. Ahora, debemos imaginar la influencia de estos clubes en el mundo y su relevancia.

A través del deporte se atenúan las diferencias de clase y las relaciones de poder y dominio, pero en realidad ocurre todo lo contrario. O no ocurre precisamente esto último cuando los aficionados se organizan para pedir a los dueños de los equipos que contraten jugadores importantes, mientras la violencia destructiva e inducida campea a su alrededor…

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