Erigido como paladín de la democracia, ayer el gobernador Omar Fayad regresó a las andadas. Como en los viejos tiempos en que el PRI era el partido omnipresente, y en el que no se hacía nada si no lo aprobaba el señor gobernador, ayer Fayad pontificó ante reporteros cómo debe comportarse un coordinador del poder legislativo e incluso le dijo al actual presidente de la junta de gobierno, Ricardo Baptista, cuáles son sus funciones y cuál es su altura respecto al poder ejecutivo que él representa. Importándole un comino su papel como representante de un poder y de la bancada de Morena, con sus palabras el gobernador atropelló y mostró su desprecio por quien llegó a las urnas gracias al voto popular a través de las urnas. Se ve que aún piensa que el Congreso debe ser una extensión de su gabinete. Pero quizá el Fayad que ayer despotricó contra el representante del legislativo local es el verdadero, es el que escuchamos en aquel mitin del entonces candidato priista a la presidencia de la república, José Antonio Meade, cuando dijo que quienes votan por Andrés Manuel López Obrador son unos descerebrados. El Fayad de ayer mostró su rostro real: el de quien ningúnea a una fuerza política por tener una base universitaria; no el que quiere aparentar cuando de forma mezquina se presenta como un soldado del presidente de la república. De filón. Qué casualidad que cuando están por comenzar tiempos electorales ahora sí el gobierno estatal se acordó que la capital del estado está en ruinas porque sus calles no han recibido mantenimiento desde que se fue el exalcalde priista Eleazar García. Y como en ese tiempo, cuando gobernaba el partido del gobernador, ahora sí va a apoyar a la panista Yolanda Tellería. Seguramente veremos esos grandes pendones donde se aclare a los pachuqueños que el gobierno del estado es quien repara las calles y no el ayuntamiento.

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