*El partido en el poder no tiene remedio

La farsa priista del pasado lunes da cuenta de que el sistema político mexicano no está dispuesto a ceder el poder, pues sus intereses políticos y su alianza con los empresarios más ricos de este país son primero y no el interés nacional y el bienestar de toda la población, quienes hoy vivimos la mayor crisis política, económica, de inseguridad, social, moral y de corrupción e impunidad que se tenga memoria; con un presidente de la República que recurre al viejo estilo de solo con un “dedazo” decidir quién será el candidato de su partido para sucederlo en la elección de 2018.
Peña Nieto ante la falta de un candidato priista más o menos presentable que pueda ser competitivo, capaz de convencer y ganar democráticamente en las urnas, recurre a una persona como el señor José Antonio Meade y pretende presentarlo como un candidato no partidista, de perfil ciudadano y altamente preparado, para que en complicidad con los medios de comunicación y periodistas paleros afines al sistema, hagan la gran campaña, vendiéndolo como la gran solución y el hombre que puede sacar al país del desastre que su gobierno corrupto con sus reformas son causantes de esta crisis, pensando en que la mayoría de la población se va a tragar esta gran mentira e imponerse a como dé lugar.
Nada más falso es que este personaje sea lo que desde ayer empezaron a presentar, pues es un tecnócrata servil del PRI y del PAN, que en los últimos 18 años ha ocupado varias secretarías de Estado siempre sirviendo a las directrices e intereses de quien gobierne con una visión neoliberal y entreguista a los grandes intereses económicos internacionales. En ninguno de sus cargos ha actuado con patriotismo, ni con visión de Estado, pues él es, junto con Luis Videgaray, uno de los principales asesores de EPN en todas estas políticas privatizadoras y de grandes negocios político-empresariales.
Una muestra es la corrupción que prevalece en la Secretaría de Hacienda y Crédito Público con la opacidad del manejo de los recursos públicos, de los fideicomisos que son manejados a su arbitrio de manera subterránea, que lo mismo llega a los partidos políticos, a los gobernadores, a la maquinaria priista –para usarse en las elecciones–, así como de la complicidad en la repartición de los fondos del llamado moche que llegan a senadores, diputados y presidentes municipales que son operados por el subsecretario de egresos de esa Fernando Galindo Favela, el cual, el ahora exsecretario alentó y permitió, entre otras grandes corruptelas que tiene esa dependencia que maneja discrecionalmente los recursos públicos.
Las complicidades de Meade, muchos otros temas lo atrapan y delatan, pues como secretario de Hacienda en los sexenios de Felipe Calderón y de Peña Nieto dio flujo a los recursos asignados a los gobernadores corruptos como a los de Veracruz, Chihuahua, Coahuila, Quintana Roo, Sonora, Colima, Nayarit y otros que fueron desviados; sin nunca hacer caso a los señalamientos de la Auditoría Superior de la Federación y de diversas voces en los estados sobre estos descomunales robos al erario que hoy los tiene en la cárcel o en fuga. También como secretario de energía con el PAN y como titular de Sedesol y de Relaciones Exteriores con el PRI, lo mismo negoció, que diseñó estrategias para ofrecer la apertura energética y el debilitamiento de Pemex, como aplicó recursos indiscriminados a estos gobiernos de la triada Fox, Calderón y Peña Nieto.
Meade Kuribreña, el supuesto apartidista, cumplió a cabalidad el protocolo priista de la cargada, de los sectores obrero, campesino y popular –mejor dicho de sus dirigencias decrépitas, que se codean con el poder y con el dinero ajeno, que lo que menos representan son a sus agremiados, que son igual de castigados por estos gobiernos neoliberales–, estaban ahí “apoyando”
El destape de Meade no fue sorpresa, pues el priismo cambió sus estatutos en agosto de este año para permitir un candidato no afiliado, así como Luis Videgaray –el aprendiz de canciller– la semana pasada se adelantó al destape, pues quizo atender la exigencia de Donald Trump de que sea el quien le garantizará a los grandes capitales la continuidad, estando al servicio de las élites, de la exención de impuestos a los grandes truts, quienes controlan la economía mundial, afines a los paraísos fiscales y garantes de la impunidad, de estas élites.
José Antonio Meade será el candidato del PRI, el mismo que con su mayoría en el gobierno de Ernesto Zedillo en 1998 nos endilgaron el rescate bancario a favor de estos empresarios con cargo al erario público, a través del llamado Fobaproa, endeudando a todos los mexicanos por los próximos 30 años. Siendo Dionisio Meade –su padre– parte de esa nefasta instancia (hoy denominada IPAB) como diputado federal del PRI y presidente de la comisión de hacienda (1997-2000).
Total que para beneplácito de los firmantes y beneficiarios del Pacto por México, aunque digan lo contrario, les acomoda bien este candidato para seguir en la ubre. Dice el dicho: “Si parece un pato, anda como pato y grazna como pato, entonces ¡es pato!”; entonces por igual: si trabaja para el PRI, es leal al PRI y dice que ese partido es la mejor opción, pues ¡es priista!

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