Uno de los sicarios más despiadados de la tierra caliente, un joven de apenas 19 años, todo él es un canto a la guerra, a la violencia, es un asesino que ha quedado atrapado por la ola violenta, criminal que ha desatado la Familia michoacana. Solo tres años podrá sobrevivir el Grillo a ese mundo brutal, habitado por el dolor, la indiferencia, el resentimiento el reclamo social, son los olvidados. El Grillo podía muy bien ser la estatua del dolor, flaco, desgarbado, de aspecto lúgubre, un hombre en el centro de la muerte. Su vida miserable la desliza en una de tantas casas grises sin pintar, en un cuarto de paredes desnudas, un colchón viejo, roto, es su única compañía, en medio de esa miseria, el sicario tiene su propio sello, busca distinguirse, ser reconocido por esa frontera porosa, habitada por adversarios igualmente brutales. La marca del Grillo son dos tiros en la cara. Siempre dos tiros. Su mayor sueño, volverse algún día jefe de plaza y con mucha suerte, un patrón, el pasaporte al poder y la vida lujosa. Pronto el sueño será desafiado por la realidad. La realidad intrépida, esa que cubre con su follaje, para iluminar la tormenta. El Grillo queda atrapado por el triángulo mortal de la violencia, sus antes protectores José de Jesús Méndez, el Chango; Nazario, el Chayo y Servando, la Tuta o el Profe, entran en conflicto, el Grillo es asesinado por un profesional, como él, de un solo tiro, limpio, certero, digno de un sicario que se respeta. (La entrevista al Grillo fue realizada por el periodista Falko Ernst).

¿Cuántos grillos habitan este país? de acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía, entre 2010 y 2017 han muerto a manos del crimen organizado 71 mil 910 hombres y mujeres de entre 12 y 29 años. Si la cifra no es suficientemente estremecedora, se puede agregar que, según la misma fuente, un niño o un joven es asesinado cada hora.

Con ansia, con dolor y temor, la sociedad se pregunta ¿qué hacer? Con inteligencia esclarecedora un lúcido universitario, Rafael Cordera Campos, en sus permanentes reflexiones llamaba a construir en un caso y consolidar en toda su amplitud las necesarias políticas públicas para los jóvenes. Fayo, para quienes tuvimos el privilegio de ser su amigo, en un texto que es referencial (Reflexiones sobre una época, Facultad de Economía, UNAM, 2012) advertía que “lo que resulta verdaderamente difícil es aceptar que las cosas para los jóvenes van bien. De tal manera que, tanto el Estado como la sociedad, debemos asumir que tenemos una deuda muy importante respecto de esas franjas sociales y que es necesario empezar a pagar de inmediato, porque no queda mucho tiempo para saldarla”.

Vale la pena empezar por señalar que la composición de la juventud mexicana se conoce poco y mal. A menudo se atienden sus problemas cuando estos estallan, cuando hay poco que hacer y ninguna fuerza que disponga de una reflexión seria al respecto. “Son justamente los jóvenes quienes han sufrido las consecuencias del agravamiento de las desigualdades, la ausencia de oportunidades, la intensificación de la pobreza y de la exclusión; la falta de expectativas que provocan de manera lenta pero persistente el debilitamiento de los vínculos sociales, la impugnación de los valores integrados y el desafecto creciente de los jóvenes por los asuntos públicos”, (Julia Flores).

Cordera planteaba, desde esos años, las condiciones mínimas para una política juvenil exitosa, entre los puntos que más destacada sobresalen: reconocer que la atención a los jóvenes representa un componente fundamental de cualquier estrategia de desarrollo y de los programas que para su realización se diseñan. Asimismo, impulsar una política de Estado con definiciones válidas cuya duración comprenda cuando menos hasta el fin de la segunda década del siglo XXI. Y, quizá lo más relevante: considerar necesaria la construcción de un Observatorio Nacional de la Juventud que sirva como escenario para el debate y la negociación entre los distintos sujetos y organizaciones relacionadas con la política juvenil.

Se trata de crear una instancia en la que se recupere, analice y sistematice la información sobre la diversidad de jóvenes en el país; se identifiquen los temas relevantes para la agenda pública y se generen acuerdos que guíen las propuestas de acción e intervención con y para ese sector.

“Ocho años después con profundo cariño para Rafael, hombre creciente cubierto de risas y lirios, vive en la misma madrugada, en el mismo mar”.

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