El hambre de Ambriz

751
Roberto Pichardo Ramirez

El Club América celebra su primer centenario de existencia y el marco no podría ser más desalentador. Sin refuerzos estrella, sin partido conmemorativo ante algún equipo top 10, con un uniforme que deja mucho que desear y perdiendo categóricamente el clásico nacional en su propia cancha. Ante tales cuestiones adversas, en lo deportivo y administrativo, muchos señalan a un único responsable: Ignacio Ambriz.

El hambre de AmbrizNacho lleva un año al frente del cuadro emplumado y le ha resultado un calvario desde el primer momento. Su falta de palmarés, incapacidad para sancionar al equipo más indisciplinado de la liga y su idea de juego a veces incierta, han alimentado la desesperación de medios y afición. Para nadie es un secreto que formar parte del América es una responsabilidad inmensa, donde puedes ser rey un día y al siguiente convertirte en tirano. No obstante, Ambriz siempre ha tenido una especie de autocompasión que, en la conferencia de prensa del pasado martes, se tradujo en hartazgo.
“Si no gano nada, me voy”, dijo con espuma en la boca. Acompañado del presidente deportivo Ricardo Peláez, así como de los capitanes Rubens Sambueza, Moisés Muñoz y Oribe Peralta, el entrenador salió a dar la cara por el resultado del pasado fin de semana. Mucho se especuló sobre la salida del estratega de Coapa, por lo que Peláez y compañía se vieron obligados a desmentir personalmente los rumores de la ruptura. Además de arrebatarle la palabra a su jefe directo y mostrarse altanero frente a la prensa, Ambriz ironizó con su “popularidad” al señalar, de forma implícita, que todo mundo quiere ver rodar su cabeza. La polémica la continuó el siempre controvertido Sambueza, pero ese es otro tema.
Desde su llegada a las Águilas no recuerdo una sola vez que el capitalino se sintiera “merecedor” de integrar el cuerpo técnico de su club. Una especie de incredulidad y falta de autoestima han separado a Nacho Ambriz del universo americanista, como si fuese un extraño en su propia casa. Se le ha visto cabizbajo, demacrado, presionado y ahora también enfurecido ante los constantes ataques de la opinión pública. Pero una cosa es segura: los directivos confían en él más de lo que él confía en sí mismo.
Ahora que ha sido ratificado, la misión de Ambriz debe ser la de reivindicarse y demostrar que América celebrará su máxima fiesta con la grandeza que lo caracteriza. Motivos le sobran.

Comentarios