El presidente Andrés Manuel López Obrador advirtió ayer, desde Tulancingo, que otro grave problema que vive el país es la corrupción en el sistema de salud. El mandatario se refirió al desabasto de medicina y dijo que no tendría que existir dado que el gobierno dispone de 80 mil millones de pesos para la compra de medicamentos, cantidad que es equivalente a casi dos veces al presupuesto que recibió el año pasado Hidalgo. “Ese dinero, si se maneja con honradez, alcanza para entregar la medicina a todo el pueblo; pero qué sucede, se roban el dinero de la medicina, ese es otro huachicol que tenemos que resolver”. Con esa comparación, el jefe del Ejecutivo federal se refirió a la fuga de recursos que hay en el sistema de salud nacional pero que también sabemos se replica en los estados. Solo recordemos el escandaloso caso de la suplantación de quimioterapias en el vecino estado de Veracruz, donde quedó al descubierto que una quimioterapia que se administraba a niños no era realmente un medicamento, sino que era un compuesto inerte, “agua prácticamente destilada”, según testimonios difundidos por la prensa. ¿Cuántos casos como ese hay en el país? A juzgar por lo que dice López Obrador, la corrupción en el sistema nacional de salud debe ser igual de escandalosa como la plaga actual del huachicoleo. De filón. Los empresarios de Ciudad Sahagún ya esperan con ansia la llegada del primer pedido para construir los vagones que harán realidad el Tren Maya que busca construir la actual administración federal. No es para menos, pues estiman que elevará sus niveles de producción hasta en 30 por ciento en un año que no será para nada bueno para el crecimiento económico.

 

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