Se le ha llamado huapango a la música y baile propios de la región Huasteca. Es complejo aseverar un origen del huapango como tal, pues aún no se sabe quiénes fueron los primeros pobladores que ocuparon el territorio conocido como la Huasteca, ya que varios grupos étnicos se asentaron en la región territorial así denominada, entre ellos: los teenek –de los más importantes–, nahuas, otomíes, totonacos, tepehuas y pames, entre otros; sin embargo, puede considerarse que el huapango no es otra cosa que la expresión musical acompañada del violín, huapanguera y jarana huasteca. Hay quienes hacen una distinción entre son y huapango; el primero, al parecer es pura musicalización, y el segundo incluye la versada.

Actualmente, podemos hablar de un huapango académico, pero ¿en qué consiste?, ¿cómo se ha llevado a cabo?; bien, en una opinión personal. Este proceso se ha ido dando de modo natural o espontáneo por aquellos que gustan del baile, así como de aquellos que aprecian la música y la ejecutan, los que tienen en estima las tradiciones de las etnias, en este caso de la Huasteca y del baile del huapango; en fin, pueden ser diversas las causas que los llevan a bailar huapango. Esto también se ha dado por la gran labor que realizan los investigadores de la danza, que en el proceso natural de ir a dicha región, de convivir con sus pobladores y según propios intereses, se genera un proceso de culturación, de sincretismo, de evolución, que en definitiva culminará en mostrar, exponer o representar lo vivenciado, es decir, lo académico se establece por la intercomunicación de los diversos contextos que se estudian, experimentan, salen de su genuino contexto y son moldeados con el fin de poder ser apreciados desde una perspectiva escénica; eso tiene que ver también con el trabajo que actualmente se realiza en el aula y el proceso formativo respecto de la técnica, en donde los que ejecutan ya no son bailadores, sino bailarines.

“Academizar un baile folclórico no es deformar la tradición del mismo, sino más bien es mostrarlo de una manera diferente en el plano escénico, respetando sus zapateados auténticos, pero que ahora se les ponen nombres diseñando combinaciones y secuencias. La coreografía deja de ser austera y ahora pueden verse trazos coreográficos diversos que le inyectan dinamismo al baile folclórico. El vestuario se utiliza del mismo modo como originalmente se observa en la localidad, solo que ahora se propone estandarizar el peinado, la bisutería, maquillaje escénico y diversos elementos que le den coordinación al vestuario.

Entonces podría decirse que el baile (huapango) académico y su ejecución para el bailarín ya no es solo una actividad de esparcimiento, sino que ahora lo educa y utiliza el baile para fomentar la cultura de los pueblos de México (Fragmento tomado de Huapango académico de Jopala, Puebla. Del contexto tradicional y su transpolación al contexto escénico. Compilación, Alfredo Luna. 2017)”.

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