La práctica de esconder la realidad bajo el tapete es una costumbre muy vieja en México, se oculta o se maquilla la información hacia el interior del país con mecanismos y estrategias en los medios de tal manera que los informes públicos no coinciden con la realidad, pero sirven de placebos para la mayoría de los mexicanos “no estamos tan mal como pensábamos”.

Pero cuando esas verdades a medias, omisiones y falsedades se presentan hacia afuera del país, se vuelven verdades irrefutables, nadie va a cuestionar el informe oficial de una nación.

Este es el lamentable caso de México en materia de cultura frente a organismos internacionales como la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura. En una nota publicada por el diario La Jornada (2007/04/10) la UNESCO alertaba a México sobre las condiciones de los artistas y creadores a partir de un diagnóstico elaborado por el Observatorio Mundial para la Condición Social del Artista, en este eran señaladas las lamentables condiciones de salud, laborales y la carencia de estructuras que permiten a los artistas participar de las políticas culturales. Los señalamientos también son viejos, la UNESCO viene alertando a cada país miembro sobre sus situaciones desde 1997.

Todo esto se suma como parte de las demandas históricas que la comunidad artística y cultural ha exigido desde hace décadas, pero elección tras elección y administración tras administración, se sigue haciendo caso omiso y el gobierno de la cuarta transformación no está exento.

Después de aquella vergonzosa alerta, el gobierno mexicano en la administración de Vicente Fox a través del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes dirigido por Sergio Vela presentó un informe a la UNESCO en el 2008 donde entre otras cosas, mentía descaradamente sobre las condiciones de salud de la comunidad artística y cultural, mentía sobre las condiciones de trabajo y no menos importante mentía sobre la participación de la comunidad en las políticas culturales, un informe plagado de imprecisiones, verdades a medias y acomodado de tal manera que parecía que México estaba a la vanguardia en ser garante de los derechos de la comunidad artística y cultural. En aquel entonces, compañeras y compañeros del Movimiento de Muralistas Mexicanos presentamos a la UNESCO un breve informe sombra, desmintiendo las calamidades de los dichos oficiales, sin tener mayor repercusión.

Hace unos días la secretaria de cultura Alejandra Frausto, frente a 130 países, presentó un informe sobre la situación de la cultura en México ante la pandemia del coronavirus (Covid-19), y continuó la tradición del gobierno panista hace 15 años con el atenuante de que es en medio de una emergencia de salud a nivel mundial: Imprecisiones y verdades a medias, resultado de una política cultural deficiente y de una respuesta ante la emergencia ineficiente y discriminatoria.

Las imprecisiones más notorias en el escueto y demagogo informe fue decir primero que “La cultura como derecho humano está reconocida en el cuarto constitucional al igual que el derecho a la salud…

” cuando la realidad es que la comunidad artística y cultural no cuenta con acceso al sistema de salud en México por tener condiciones laborales distintas no reconocidas por la legislación mexicana sobre todo para los artistas autónomos e independientes.

La segunda fue decir que “La apuesta de México es a la cultura, el ahorro gubernamental que se hace en época de crisis va hacia la persona, va hacia los artistas…

” cuando el ahorro del que habla no va hacia los artistas, por el contrario, la comunidad artística y cultural viene siendo objeto de recortes presupuestales sin precedentes, una política cultural deficiente y excluyente, que viola los derechos culturales, al igual que violentan los derechos de los pueblos originarios establecidos en el Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT). Ambos puntos, entre otros señalados por la comunidad artística y cultural, en el informe de respuesta para la UNESCO “Informe Sombra-Cultura México Covid-19.

Hoy ante la emergencia sanitaria, todas las contradicciones de las políticas culturales en nuestro país se han agudizado dejando al descubierto la pésima planeación, todas las violaciones a los derechos de las comunidades artísticas y culturales a lo largo y ancho del país, toda la doble moral y dobles discursos de una clase política que en lo general demuestra su ignorancia y su soberbia para uno de los pilares de construcción y sostén de una sociedad que se jacte de ser democrática. Y de la misma manera, quedan al descubierto también la insuperable generosidad de la comunidad artística y cultural que como siempre es la que responde incondicionalmente para apoyar a su pueblo, además lo está haciendo desde las peores condiciones de precariedad. Y ante la falta de respuesta y compromiso del gobierno, también se auto organiza para apoyar desde sus propios recursos a trabajadoras y trabajadores de la cultura que lo necesitan.

Ante las demandas de la comunidad y su inagotable tenacidad, apenas hace unos días se logró abrir una ruta de trabajo y negociación con autoridades culturales para buscar una solución inmediata ante la crisis y comenzar a trabajar conjuntamente. Esperemos que realmente sea una luz al final del túnel, en donde también podamos comenzar a abordar las demandas históricas y no sea otra táctica dilatoria acostumbrada.

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