Inicio Opinión Artículos El inolvidable Bobby Fischer

El inolvidable Bobby Fischer

217

Robert James Fischer es quizás uno de los personajes más emblemáticos del ajedrez. Su vida como jugador se reflejó en una película en donde apareció dentro de su compleja personalidad.

A los 15 años se convirtió en el Gran Maestro más joven de la historia hasta ese momento (1958).

Esta sería una síntesis apretada del libro Bobby Fischer el más grande, con autoría compartida de Silvio Pla Montero y Manuel López.

Además de que es una atractiva semblanza, la obra incluye una serie de partidas que, desde luego, interesarán a muchos que hacen del llamado deporte ciencia su afición favorita.

Consignan los escritores que para ellos Robert James Fischer es el mejor en toda la historia del ajedrez, aunque esto llevaría a la polémica y claramente las comparaciones entre el pasado y el presente suelen siempre poner en tela de juicio ese tipo de afirmaciones.

Aseveran que se hizo sin ayuda y toda la vida trabajó de manera solitaria. No tuvo entrenadores, ni preparadores, ni coaches, menos computadoras o programas especiales.

Otra consideración es que inventó el reloj con incremento, cuya intención era la de no tener que padecer los apuros de tiempo en posiciones ganadas.

El gran maestro norteamericano nació en Chicago, Illinois, el 9 de marzo de 1943 y falleció en Reikiavik, Islandia, a causa de una enfermedad renal el 17 de enero de 2008, a los 64 años (tantos años como casillas tiene el tablero de ajedrez). Campeón mundial entre 1972 y 1975 se consagró al vencer al soviético Boris Spassky en el denominado “match del siglo”.

De origen estadunidense, en sus últimos años adquirió la nacionalidad islandesa y se consideraba un refugiado político perseguido por traición a su país natal.

Aunque lo ubicaban como niño prodigio, no fue estrictamente tal, como José Raúl Capablanca, Sammy Reshevsky o Arturo Pomar. Su desarrollo al principio fue más bien lento. Hasta los 13 años comenzó a despuntar como jugador de capacidad superior.

En 1949, la familia se trasladó a un pequeño departamento en Brooklyn. Él aprendió a jugar por sí mismo, a partir de las instrucciones que venían en un estuche con diversos juegos que le regaló su hermana.

En 1956, John W Collins lo aceptó como uno de sus alumnos. Se le ha descrito como figura paterna para Fischer.

Tomó parte nueve veces en el Torneo Rosenwald de Nueva York, en el que se dirimía el campeonato de Estados Unidos. En la edición de 1963 logró la proeza de coronarse triunfando en todas las partidas, hazaña jamás repetida. Hizo 11 puntos de 11 posibles.
En toda su carrera jamás perdió un match individual.

Una característica que lo distinguía era la velocidad de su juego a través de mover las piezas de manera sistemática y rápida. Era natural en él precisión y concreción excepcionales. Se concentraba casi hasta la extenuación del adversario, o mantener, sin aceptar el empate, partidas que su rival daba por tablas.

Se coronó campeón mundial con siete partidas ganadas, tres pérdidas y 11 tablas.

Spassky abandonó la decisiva mientras su contrincante dormía en el hotel.

Después, Fischer desapareció de la escena pública. No volvió a jugar ninguna partida oficial durante su reinado.

En 1975 tuvo que defender su título frente al aspirante Anatoly Kárpov. Planteó exigencias inaceptables para la Federación Internacional de Ajedrez (FIDE, por su acrónimo en francés), la cual lo despojó del título por incomparecencia y proclamó campeón a Kárpov, con lo que el título mundial regresó a los soviéticos.

Comentarios