Considerando que la humanidad debe al niño lo mejor que puede darle”, el 20 de noviembre de 1959 fue proclamada por la Organización de las Naciones Unidas (ONU), la Declaración de los Derechos del Niño, que defiende –entre otros– su derecho a una infancia feliz.

¿Qué es la felicidad? ¿Qué es la felicidad para un niño? ¿La defino a partir de mis creencias de adulta con referencia en la niña que fui? ¿Un mismo concepto es válido para todos los niños del mundo? Entre tantas preguntas, objetivamente, la felicidad se relaciona con el bienestar y los ámbitos en los que este se manifiesta: mental y emocional.

Salud, identidad, educación, protección, seguridad, esparcimiento, inclusión y también amor, comprensión, derecho a hacer preguntas y a manifestarse como niñas y niños en una etapa que es única.

En una sociedad cada vez más apegada a la satisfacción inmediata y resistente a aceptar sus procesos de madurez y envejecimiento como parte de la vida, pensar en el bienestar de un niño a partir de los principios enunciados en la declaración es una tarea que requiere de voluntad y empatía.

Basada en la novela infantil de Ricardo Mariño y con dramaturgia de Mundo Espinoza, El insoportable es una obra que cuenta la historia de Bruno Wrokitzkiewitzs, un niño escritor. Un niño que hace preguntas. Un niño que va a un campamento. Un niño que como otros tantos quiere hacer amigos y descubrimientos. Es un niño que va a la escuela y tiene una maestra favorita y también una tía llamada Olivia que le hostiga con familiares consejos: “Bruno, no te vayas a perder, no se te olvide comer, no te alejes del grupo, hazle caso al profesor, no hables con
extraños”.

El unipersonal de Mundo Espinoza, que se presentará todos los domingos del mes de marzo a las 12 horas en Foro Doble Nueve, nos invita a escuchar las inquietudes del niño Bruno y a jugar como cómplices en algunos momentos que marcarán su infancia por siempre.

Hemos fallado al creernos más fuertes y al hacer mal uso de esta fuerza. Hemos fallado al no asumirnos como los “adultos a cargo”. Hemos fallado al depositar en los niños y jóvenes la responsabilidad de construir un “futuro mejor” que también nos corresponde porque estamos en el mismo presente. Hemos fallado al no escuchar. Al estigmatizar la infancia. Al sexualizarla. Al idealizarla. ¿Qué es lo mejor que la humanidad puede darle a un niño?

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