En los procesos de transformación de cualquier sociedad, todas las fases son delicadas, importantes y peligrosas, y en especial la que hoy vive la sociedad mexicana.

Ya cuestionamos al viejo y caduco régimen, ya se luchó e invirtieron vidas y argumentos para convencernos de la necesidad de sustituirlo, ya optamos por las urnas en lugar de la violencia y lo desechamos con un número de votos nunca antes visto. Y entramos a la fase, insisto, muy delicada: esa en la que se debe terminar por parir a lo nuevo que debe imperar y eliminar a los rescoldos dejados por aquellos que tanto dañaron a la sociedad buena.

Es en esta fase de la transformación social en la que las resistencias retrógradas hacen su aparición y tienen una oportunidad de retardar el proceso en general, pues se apoyan en recursos obtenidos durante su estancia en el poder y en todas las mañas sembradas y mañosos miedosos de perder poder o dinero. O su libertad.

¿Cuánto debe durar esta fase? ¿Quién debe ganar? La premonición de los augures nahuatlacos prevén que, como Obrador está explicando detalladamente a la sociedad mexicana todo lo que incluye lo nuevo por instaurar, (ver las conferencias mañaneras y poner atención a los discursos en sus recorridos a zonas pobres), y los conservadores solo actúan sobre un cada vez más escaso margen de maniobra, y sobre temas y cosas tan difíciles, pues incluyen rumores, muertos, complicidades y violencia, se irán quedando solos, terminará, por un lado, naciendo a cabalidad lo nuevo que vislumbramos al votar por Obrador, y por el otro, pues deben acabar en la cárcel los pillos de todos los tamaños, cuya intentona se centra solo, no en un golpe de Estado, menos en la revocación de mandato para el presidente. Ellos solo quieren el escándalo para librarse de la cárcel, pues bien saben que las bases sociales sí tienen la fuerza y el peso para exigirle al presidente que los enjuicie y castigue.

Es de risa que magnifiquen las opiniones de los “exs”… expresidentes, exmilitares, exsecretarios. Todos causantes directos de los males por los que la sociedad los desechó por la vía electoral. ¡Hacen más escándalo por lo que dice un exmilitar que un expresidente de la República! ¡Vaya valor que se le quieren dar a las jerarquías!

Lo que deba morir, morirá. Y lo que deba nacer, nacerá. Están las condiciones dadas, la sociedad lo tiene claro y hasta los dueños del dinero saben que el quitarle presión social a esta olla mexicana les permitirá seguir siendo lo que han sido, solo con otras reglas. Y los norteamericanos también saben que el dominio económico, tecnológico, alimentario y demás, llevará más tiempo para adaptarlo a lo nuevo que se quiere. Su influencia e intereses no peligran, solo los adecuarán, y en eso está trabajando Ebrard, aunque no lo quieran ver los desplazados de acá.

Los mandos militares ya no lo son aquella camada de militares “fifí” con los que Carlos Salinas instauró el cuarto de siglo de saqueo desmedido. Tan es así, que solo hacen hablar a uno de ellos.

vencidas

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