El 12 de abril fue llevado a cabo en Dubrovnik, Croacia, la reunión de los 17 más uno, con la participación de los jefes de Estado de Europa central y oriental con China, sí, ahí donde se filmó la “Guerra de los tronos”, también escenario de la construcción de una gran alianza para la cooperación futura, hacia un nuevo modelo económico global con base a las tres rutas de la seda.

Los conflictos de las naciones poderosas están llevando al mundo a una crisis cuya complejidad exige encontrar alternativas distintas al proteccionismo y confrontación que aplica el salvaje de la casa blanca, las rutas de la seda pueden ser la gran derrota de Trump (¿representará al rey de la noche en el “Juego de tronos”?), Trump no ha podido evitar el ingreso a los mercados occidentales a la empresa Huawei que lleva ventaja a sus competidores en el 5G, sistema que representa la quinta generación de las tecnologías y estándares de comunicación inalámbrica, que está revolucionando la conectividad del Internet desde cualquier sitio y a una gran velocidad.

Estamos viviendo un cambio dramático al pasar de la geopolítica a la geoeconómica, donde los procesos de globalización y de sus intercambios han modificado la noción del conflicto, la guerra comercial ya se amplió a una guerra económica, donde el binomio tecnología-propiedad intelectual juega un papel preponderante.

Los efectos de la guerra económica, contrariamente a la guerra tradicional, genera acciones muchas veces invisibles pero decisivas, no estamos en presencia de un imperialismo político clásico, sino al desbordamiento del poder entre América del Norte y las naciones aliadas del resto del mundo.

El presidente Chino Xi Jinping propuso por primera vez en Kazajistán en octubre de 2013 el proyecto de la ruta de la seda terrestre (one belt), comunicación férrea más larga del mundo, de Xinjiang, China, hasta España, pasando por Asia central y Europa.

En noviembre del mismo año planteó en Indonesia la ruta de la seda marítima (one road), saliendo de China hasta el puerto de Pireo en Atenas; también está el gasoducto de Kazajistán; la tercera es la ruta de la seda del hielo, propuesta por China y Rusia para desarrollar el Ártico en su cooperación para el aprovechamiento de los yacimientos gaseros de la zona, incluyendo rutas acuáticas, con la participación de Finlandia, Islandia, Noruega y Suecia.

Sin lugar a dudas, las tres rutas de la seda integran un plan estratégico de ramificaciones geoeconómicas, según Pekín, todos los países y continentes pueden incluirse, desde el ártico hasta América Latina, con infraestructuras repartidas por los cinco continentes con un valor superior al billón de dólares.

No solo incluyen carreteras, rutas ferroviarias, sino puertos y aeropuertos, estándares, normas, aduanas, tribunales, además de la conectividad física está la conectividad digital y el comercio electrónico.

China y Rusia tienen claro que el muro que quiere imponer Trump a México podría afectar la ruta de la seda en el Ártico, a pesar de la inconformidad de Trump, EU no tiene capacidad bélica para una intervención militar en esa zona, pues solo cuenta con dos rompehielos frente a 40 que tiene Rusia, además de su poderoso ejército naval.

El atraso en la firma del Tratado Comercial entre México, EU y Canadá no solo es el muro, los migrantes o la reforma laboral, el problema de fondo es la visión miope por parte de EU del comercio internacional, el discurso neoproteccionista de Trump y las amenazas de agresión con su doctrina Monroe es su ignorancia respecto a que los intercambios comerciales llevan valores (contenido de conocimiento en las mercancías) que son de origen diverso, lo cual es propiciado por la fragmentación de los procesos globales, dejando a las economías emergentes, como la mexicana, en un segundo plano.

La conexión de México con ese gran proyecto es a través de la Alianza del Pacífico, conformada por Chile, Colombia, Perú y México, para la integración económica y comercial con la región Asia-Pacifico. No todo es huachicoleo, también la geoeconomía cuenta, ¿no lo cree usted?

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