Penetrante y documentado ensayo histórico en el que se exploran los últimos momentos de Maximiliano como emperador de México, rastreando paso a paso el proceso que lo llevó al paredón de fusilamiento.

El libro de José Manuel Villalpando que retrata esa parte triste del pasado de México, lo titula El juicio de Maximiliano. Los hechos frente a nuestro presente.

Ese examen de las leyes, recursos y el contexto bajo el cual el hombre venido de Europa, y que en sus últimos momentos, previos a la ejecución, tuvo a su lado a Miguel Miramón y Tomás Mejía.

Inútil su defensa, ya que fue juzgado y sentenciado con la máxima pena por el gobierno republicano de Benito Juárez.

Villalpando, nacido en la Ciudad de México (1957), fue profesor de historia del derecho patrio en la Escuela Libre de Derecho, así como en el Colegio de Defensa Nacional y en el Centro de Estudios Superiores Navales.

Sus investigaciones han sido constantes. En 1990 obtuvo el Premio Nacional a la mejor recreación literaria con el cuento “El abanderado”. Adelante, (2005) le fue concedido el Premio Nacional de Historia y en 2017 recibió la condecoración Victoria de la República por su trayectoria en la difusión de la historia patria.

En el estudio del libro sobre el emperador austriaco llena el vacío que prevaleció durante años acerca del total desconocimiento del juicio, incluso por los tiempos rebeldes y confusos en que sucedió.

Entre las fuentes se comparten los argumentos esgrimidos por algunos personajes que intentaron apoyar al archiduque y persuadir a Juárez de su decisión de ejecutarlo, entre los que destacaron el embajador de Estados Unidos Wydenbruck y el escritor Víctor Hugo.

El texto está dividido en 16 vertientes. La primera con la interrogante “¿Enjuiciar a un emperador?”, hasta la última, “La capilla y el fusilamiento”,
En el primer párrafo se deja claro que se viven los últimos instantes, en Querétaro, por el asedio de tropas nacionales, epílogo de esa aventura que costó la vida de miles de mexicanos.

“El fuego de la artillería republicana se hacía cada vez más intenso sobre el Cerro de las Campanas. Las columnas se acercaban ahogando a los defensores de la última posición imperial, quienes inquietos y temerosos apenas podían soportar el rugir de las granadas y el aullido de los soldados republicanos que se les echaban encima.

“En la madrugada del 15 de mayo de 1867, la posición era insostenible.

“La ciudad de Querétaro había visto como antes del amanecer, los republicanos entraban a ella y la recorrían en son triunfal, disparando al aire y dando verdaderos alaridos de furia y gozo.”

No menos impactante es el último capítulo 16 “La capilla y el fusilamiento”. “Los tres días concedidos como gracia pasaron velozmente. Negado el indulto, los condenados fueron puestos en capilla, es decir, en la situación previa a la ejecución.

“Treinta y seis días justos transcurrieron desde el momento en que entregó su espada hasta que se enfrentó al pelotón que le habría de disparar a unos cuantos metros.

“Ya en la ladera del cerro frente a los soldados que habrían de fusilarlo, Maximiliano hizo uso de la palabra, gritando con voz estruendosa: ‘Voy a morir por una causa justa, la de la Independencia y libertad de México. ¡Que mi sangre selle las desgracias de mi nueva patria! ¡Viva México!’.

“Después de él, Miguel Miramón, a quien le había cedido el lugar de honor, todavía intentó remover la disputa, reiterando su derecho a haber actuado como lo hizo. Tomás Mejía nada dijo.”

Después sonaron los disparos.

De Editorial Grijalbo, la primera edición fue lanzada en julio de 2017.

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