Cuál es la lección que pretende enseñar la leyenda de Minos. La narración describe la disputa entre el futuro rey de Minos y sus hermanos, ese pide un signo del cielo que le indique su derecho al reino, que llega bajo la forma de un toro blanco. Pasifae (esposa del rey Minos), enamorada del toro sagrado, da a luz un ser mitad toro, mitad hombre, que los griegos llamaron el Minotauro. Minos hace construir su laberinto, para encerrar al monstruo recién nacido. Como el origen del Minotauro es divino habrá que sacrificarle todos los años siete muchachos y siete muchachas de Atenas. Teseo, ateniense decide librar a su ciudad del tributo sangriento. Penetra en el laberinto y, gracias al hilo de Ariadna, princesa cretense enamorada de Teseo, puede salir del laberinto después de haber matado al Minotauro. La leyenda significa, que los griegos quieren establecer un orden racional, una forma de vida que ya no dependa de los monstruos y de los sacrificios primitivos. Expresa claramente su espíritu ordenador y preciso, dar a los fenómenos una explicación congruente capaz de ser entendida por todos los hombres (Ramón Xirau, historia de la filosofía). En ese punto, el laberinto y la política se encuentran, coinciden: la política debe (o, debiera) ser una cultura de ideas, de lucidez, equilibrio y persuasión. La política, como el laberinto debieran exorcizar la violencia, la sangre, que son la atmósfera de la censura, el autoritarismo, la demagogia, el populismo, el insulto, la visión monocromática, autoritaria que provoca disolver asuntos políticos complejos en una cegadora certidumbre moral, los sacrificios en la plaza pública. La política a la que llamaban los griegos y filósofos como Platón parte del principio de “el que conoce es el que es capaz de proceder mediante la razón que todo lo ilumina y que es igualmente capaz de escapar a los sentidos que todo lo oscurecen”. Sí se reconstruyen hoy esos términos, puede establecerse que la política pudiera asumirse como una perspectiva a favor de una doble lucha: una lucha por un intelecto más libre y, al mismo tiempo, una lucha por el progreso democrático y social. Pero, en realidad, que tenemos frente a nosotros: un gobierno de prejuicios, de estereotipos, de enfrentamientos maniqueos, de reduccionismos simplones, que poco o nada ayudan a entender la compleja realidad, esta que, por ejemplo, aborda y explica Carlos M Urzúa, exsecretario de Hacienda, en esta administración, quien, después de reprobar en aritmética al gabinete económico, asegura que proclamar que el reciente rebote del PIB, del 12 por ciento en el tercer trimestre de este año respecto del segundo trimestre, indica que el país ya está saliendo de la crisis, es una afirmación falsa, que está absolutamente lejos de la realidad. La economía ya estaba contrayéndose antes de la pandemia, basta recordar, que el crecimiento fue negativo en 2019. Urzúa llega a dos conclusiones, ambas muy lamentables: la caída del PIB, en este año será cercana al 10 por ciento. De igual manera, el presupuesto que se podrá ejercer en 2021 será mucho menor al que están por aprobar los diputados en la Cámara.

La ruta para avanzar en el crecimiento económico, para conciliar los intereses encontrados y las visiones excluyentes; el camino para encontrar y subsanar las insuficiencias de la administración pública, para reconocer la legitimidad de una(s) postura(s) política(s), solo pueden lograrse con la política de ideas, de argumentos, de conocimientos diversos, en medio de una convivencia civilizada, equilibrada, dialogante, tolerante, defensora de la legalidad y los derechos humanos. La ruta del crecimiento económico debiera instalarse en el reino de lo posible (la realidad); las aspiraciones son bienvenidas como símbolos, destinadas a satisfacer los deseos de una nueva arquitectura económica. Desde luego, queremos ser Finlandia, pero con el crecimiento mediocre que tiene el país, la pobreza en la que vive la mitad de la población ¿a qué se puede aspirar? En esta ruta de riesgos, de aplastante corrupción, de dificultades agravadas por la pandemia y, que según Fortune, harán que México regrese hasta 2025 a las condiciones económicas que tenía en 2019, dejan poco espacio para el entusiasmo. Quizá, después de todo, no sea mala idea volver al laberinto, para terminar con los estereotipos, los prejuicios que miran en las políticas populistas soluciones que probadamente han fracasado.

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