El ladrón de voces fue otra deslumbrante incursión en cine del músico Adanowsky que en 2013 fue presentada como la nueva ocurrencia del hijo del Topo por seguir la tradición familiar luego de su primer corto Echek (2000).
Con pomposa inversión y explosión de imagen, El ladrón de voces es la desesperación de un esposo por recuperar el amor de una mujer a quien arrebató su valiosa voz de soprano.
De ceremonioso estreno en el Festival Internacional de Cine de Morelia, la historia, interpretada por Asia Argento, retrata a la escrupulosa cantante de ópera que, víctima de su esposo quien intenta asfixiarla, pierde el virtuoso don. Carcomido por la conciencia, el hombre aceptará la humillación y caminará largo tiempo a través de bizarros escenarios en pos de la voz perdida.
Cristóbal Jodorowsky, otro de los exaltados del linaje, sobrexpresa al esposo, fiel al barroco cinematográfico del hermano y visión psicomágica de casa.
Aunque no es un trabajo revelador ni propositivo, ya que el director no hace nada por dejar la “surrealeada” del padre, la música encargada a Rob, del ensamble Phoenix, cae como su salvable acierto.
La segunda realización de Adán no escatima en recursos simbólicos, antes exagera sin intervalos en el recorrido de abstracciones también vistas como citas de, por ejemplo, Montaña sagrada, Fando y Lis y Santa sangre, las obras que consagraron al padre en el cine de culto.
La resulta, a desventura del consagrado músico y productor, imposibilita sin remedio al espectador para tomar al artista desde el eje de su autonomía creativa. Adán carga ineludiblemente con el fantasma del patriarca, aunque al buen Adanowsky le fastidia que le relacionen con papá.

@lejandroGALINDO | [email protected]

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