Ruth Ortiz Zarco y Gabriel Corzo Cardona

Los mercados funcionan bajo la interacción de la oferta y demanda de bienes y servicios, dicha interacción es el mecanismo por el cual el mercado asigna los bienes y servicios entre los agentes económicos, que no son otra cosa más que las familias, las empresas y el gobierno. La teoría económica establece que si esa interacción entre oferta y demanda funciona bajo condiciones de competencia la asignación de bienes y servicios para cada agente económico será eficiente, la competencia por su parte existe cuando se dispone de suficientes ofertantes y demandantes que resulte imposible que una sola persona o empresa puedan influir en el precio, en la cantidad de oferta o demanda de un bien.

Pero en realidad, existen problemas para que los supuestos que establece la teoría económica se cumplan; en un primer caso, es muy difícil encontrar mercados que operen bajo competencia perfecta, por lo que resulta entonces en una asignación no tan eficiente, en un caso extremo frente a un mercado donde lo conforman pocos actores (mercado oligopólico), pueden existir casos de abuso, por lo cual es importante fomentar la competencia; una segunda situación radica en que es muy frecuente en encontrar economías externas que crean distorsiones en la operación y no se ven reflejadas en un mercado específico; un tercer problema ocurre cuando la información es asimétrica, es decir, cada agente económico posee distintos grados de información. Se podrían enlistar muchos más problemas que redundan en una operación inadecuada del mercado, trayendo consigo problemas de asignación de bienes y servicios, e incluso problemas sociales.

Por ello es importante la participación del Estado en una intervención dual, es decir, que busque complementar, corregir, regular y en ciertos casos sustituir algún mercado específico para mejorar la asignación de bienes y servicios dentro de la población, como puede ser el caso de algunos servicios públicos, como el alumbrado, la seguridad y la resolución de disputas. Sin embargo, también se presentan casos extremos en los que el Estado compite con empresas privadas y han podido desplazarlas sin mucho sentido, en donde se desperdician recursos escasos y se adquieren riesgos innecesarios, por ello es de vital importancia una participación equilibrada por parte del Estado.

Difícilmente se ha llegado a un equilibrio, es frecuente que la clase política de extrema derecha sugiera que la intervención del Estado debe ser la mínima, ya que consideran que su participación no podría ser tan eficiente como lo haría el libre mercado. Y por el contrario, los de extrema izquierda frecuentemente consideran que el Estado debiera desplazar a la empresa privada, ya que el libre mercado es un muy mal asignador de bienes y servicios y crean mayor desigualdad. La mayoría de los consumidores y población en general prefiere una participación del Estado y de las empresas de forma balanceada. Es interesante observar las contradicciones entre ambas visiones políticas, mientras que la derecha ha visto en la empresa pública motivo de ineficacia y corrupción, la izquierda considera a los mercados motivo natural de corrupción, pareciera que esta no tiene partido.

Ambas posiciones tienen distintos retos, por un lado la derecha debería reconocer que el libre mercado también tiene fallas de asignación. Y por el otro, la izquierda debería entender mejor el accionar de los mercados, poniendo énfasis en la ley de oferta y demanda, no con el fin de profundizar en el libre mercado si no, al entenderlo mejor, se podrá hacer una intervención más puntual para no crear más distorsiones que el problema mismo genera, entendiendo que el mercado es sumamente sensible a la información y la certidumbre, la segunda ponderándola como una premisa necesaria en la vida humana, sin la confianza no funciona casi nada. La ley de oferta y demanda no se puede cambiar, es el ecosistema económico del sistema económico mundial en la era del capitalismo, por lo tanto, no se puede legislar en contra de ella, sino más bien comprenderla a fondo, con el fin de mejorar sus deficiencias, es como las leyes existentes en la naturaleza, no se puede legislar en contra de ellas, más bien hay que entenderlas para interactuar mejor con sus características. Por ejemplo, si el Estado impusiera un control de precios y cantidades, seguramente se generaría escasez y tráfico de bienes en un mercado negro, con resultados contraproducentes en perjuicio de la población que quería ayudar.

Es importante entonces promover un Estado con el oficio para manejar al libre mercado con el tacto necesario con el fin de intervenir, para resolver deficiencias y abusos, anticipando las implicaciones que pudieran derivar no solo en el mercado específico en el que interviene, si no en los demás sectores que pudieran verse indirectamente involucrados.

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