Escuché que Lorena murió, como dicen, por ahorcamiento. Imagino las manos o la cuerda, la marca púrpura en su cuello y miles de gritos como sombras en la espalda de sus asesinos. No sé qué más hay, no he podido leer completa la noticia.

Es decir, es muy difícil que un pachuqueño entienda el concepto de crueldad. Pachuca es la ciudad donde nada pasa. Cuando queremos definir la pulsión ciudadana, la mayoría empezamos rodeando palabras como “apatía”, esa engorrosa pasividad del acarreado, los busca-hueso, chalecos rojos, redes juveniles y demás aberraciones.

Esta vez los estudiantes se organizaron para protestar, en plena época de exámenes. Pocas veces vemos el espectáculo de una protesta genuina, de esas que usan cartón y piedras, de las que sacrifican, no las que traen sus lonas recién salidas del plotter, repletas de logos y caras conocidas. Aplaudimos mejor el paso de un desfile que nos desfalca millones de pesos que la voz del hartazgo de nuestros conciudadanos.

Esta vez, como muy pocas, un grupo de unas mil o dos mil personas se organizaron de manera autónoma –piense en Gramci, por favor– para marchar un tramo tradicional de la protesta en la ciudad. Los medios, como era de esperarse en ese lugar, se enfocaron en llamar mínima a la movilización. En Pachuca, un grupo de cincuenta personas que lleguen por su propia cuenta a cualquier cosa, es una multitud.

Pequeña o no, los sentimientos que se pusieron al frente fueron indiscutiblemente auténticos. El dolor es patente, la preocupación crítica de algunos sorprende por inaudita: Hay un fundamento legítimo.

Al mismo tiempo, escuché que hubo irregularidades durante la marcha. Una en particular llamó mi atención: De pronto, y sin darnos cuenta, aparecieron supuestos líderes de la protesta, esa que pensábamos autónoma. Es sospechoso que a la luz de una organización relativamente espontánea y sin instrucción, surjan rostros específicos.

Me vino a la mente el rumor de un relevo generacional pachuqueño. Escuché que últimamente hay quienes han ganado premios con el sello de las Naciones Unidas y que a algunos se les condecora con Honoris Causa. Es una sorpresa, es decir, nací aquí, de mis padres que también son de aquí, y mis abuelos, bisabuelos, primeros hidalguenses, vaya ¿cómo pudo pasarme de largo algo así? También he discutido el rumor de algunos grupos de supuestos jóvenes políticos, que actúan como si hubieran sido elegidos ya para representarnos. Ninguna cara que me recordara una sola noticia del pasado.

Pensé en todo esto cuando me dijeron que un supuesto líder quiso tomar, o tomó en efecto, la tribuna para proclamarse líder de la protesta de noviembre. Poco después, lo vi en redes. Ahí estaba, pues, su cara en mediana resolución y la noticia de que algunos participantes de la movilización se desligaron de su liderazgo. Pude reconocerlo. Era el mismo al que, según algún medio, le había sido otorgado un Doctor Honoris Causa bastante turbio.

En efecto, este hombre fue cuestionado por su conducta. Inmediatamente sus amigos argumentaron una supuestamente amplia y longeva trayectoria de activismo social. Pero, como pretendido activista, falló en un elemento fundamental: Su legitimidad, la base que demarca toda posición políticamente activa, autónoma.

Veo entonces un grupo que necesita crear esa legitimidad que no tiene: ¿Para qué? Están las llamadas redes juveniles, virtuales relevos y nuevos grupos de jóvenes que inflan como pueden y con prisa sus currículos vacíos, con trayectorias de supuesto activismo, trabajo en favor de los derechos humanos, liderazgos feministas, innovación, ciencia, arte, etcétera.

¿Qué espera con tanta urgencia y premura esta ola de gente que busca legitimarse a toda costa, incluso por encima del dolor, muy humano, de una movilización independiente? Creo que usted lo sabe. Se dice que este líder esta sonando como candidato a la presidencia municipal.

Solo diré lo siguiente: Que se haga justicia a Lorena y que se resuelva caso por caso cada desaparición, cada agresión y amenaza a la integridad de los hidalguenses. Si esta nueva clase política quiere liderazgos que asuma responsabilidades y se atengan a las consecuencias.

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