Nada como tejer un manto amoroso para cobijarnos cada vez que estemos tristes y frágiles. No hay mejor manto que el bordado de recuerdos de finos hilos de felicidad latente pese a todo, al dolor, a los desacuerdos, a las distancias, a las diferencias, a la muerte. Marcela Serrano regresa al mundo literario con el relato titulado El manto, donde recupera la manera en que vivió la muerte de su hermana Margarita, víctima del cáncer.

Fiel a su estilo y a su manera de contar historias, no dudé un instante en leer ese libro, segura de que ese manto que borda una escritora querida me cubriría de palabras que me permitirían palpar mi fragilidad, mis miedos, pero también mi amor y mi certeza de siempre recordar a la que gente que amo.

Creo que he leído todas las novelas de Marcela porque en cada historia que ella narra siempre me encontraba yo misma. Así, en Nosotras que nos queremos tanto, atisbaba mis certezas en torno a la amistad entre mujeres y descubría a cada una de mis amigas en las páginas de esa obra. Para que no me olvides ya me preparaba para enfrentar un caso parecido al que enfrenta la protagonista y por eso mi sobrina Citlali vive siempre en mi corazón aunque su enfermedad siempre amenacé con sus silencios e imposibilidades. Hasta siempre mujercitas, reiteró ese destino de sororidad que siempre busco y encuentro. No se diga, Nuestra señora de la Soledad, es una novela donde estoy todita yo y le agradezco a Marcela Serrano compartir conmigo mis sensaciones e inspiraciones.

Por eso, esta nueva obra, luego de largos años de silencio, me permite recuperar con agradecimiento su estilo y su forma de relatar. Esta vez la descubro en su propia voz y en su gran dolor, en su total humanidad y su generosa honestidad. El libro se lee siempre con las lágrimas al borde de los ojos, con el nudo en la garganta tan latente, con el dolor suspirando detrás de tu nuca. La muerte de un ser querido siempre agujera el alma, siempre permite aceptarnos humanos, siempre representa nuestra propia resurrección porque yo, que sigo con vida, puedo empezar de nuevo, puedo cambiar, intentar emendar los errores o cometerlos otra vez con menos miedo, sin tantas disculpas. La muerte de un ser querido me obliga a resucitar, a querer la vida mientras dure, a aceptar un no y a luchar sin tanta obsesión por un sí.

El libro duele, el texto es doloroso, absolutamente está lleno de dolor. Marcela Serrano nos invita a palparlo, lo comparte y de verdad nos involucramos en ese escenario doloroso, tal es su tono de evocar a su hermana, su enfermedad, su entierro, la anormalidad en los días de duelo. Sin embargo, pese a ese doloroso relato, el manto con que nos cubre es cálido y dulce, nunca se olvida a un ser querido que ha muerto, su recuerdo está latente, los momentos compartidos se eternizan, se mejoran, se pueden repetir una y mil veces, la esperanza que nos cubre con su manto permite llorar para no olvidar, llorar para seguir amando, llorar para secar nuestras lágrimas y seguir adelante. El manto, de Marcela Serrano, es un relato que cumple su cometido, envolvernos en la calidez humana nos inspirar a seguir.

Marcela Serrano (2019). El manto. México: Alfaguara.

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